Despedirse en el campo


Vigo

Sergio se merecía otra despedida. Por su trabajo, su implicación y sus tres lustros en el Celta, debería decir adiós en el campo, pero las lesiones y la pandemia le privarán de un acto de justicia, el de recibir la más grande de las ovaciones del celtismo.

O Gato fue, y seguro que seguirá siendo, un ejemplo superlativo en todos los frentes. Dentro del campo, siendo pieza importante del renacer celeste, y fuera, participando en todas las iniciativas y representando al club. Solo una persona comprometida como él podía hacer un viaje relámpago a Perú para presentar una escuela estando en sus últimos días de vacaciones.

García Cota, el jefe de los servicios médicos, lo puso de ejemplo en multitud de ocasiones. No como paciente, sino como persona y deportista. Podría jugar o esperar turno, que siempre fue el primero en llegar a A Madroa y el último en marcharse. Siempre amable y atento con todos, sin una mala palabra, todo buenas acciones. De diez.

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