Un Celta equidistante


Vigo

El Celta ejerce de equipo de media tabla. Equidistante entre la gloria europea y el drama del descenso, se mueve en ese terreno en el que hubiésemos firmado estar hace un par de meses pero que ahora, visto lo visto, puede producir cierta insatisfacción. Sobre todo, cuando ejerciendo como local ante un equipo con las urgencias propias del descenso no te muestras superior ni sobre el terreno de juego ni en el marcador. Luces y sombras que te impiden acercarte al precipicio pero que tampoco te permiten subir ese escalón más que te acerque a objetivos más nobles. Estas son las consecuencias de un empate logrado in extremis que refuerza más esa idea.

¿Y qué falló? Es fácil enumerar las cosas que durante un partido no se hicieron bien y se deberían haber hecho. Ese análisis sobre situaciones que buscan un porqué y que dan sentido a un resultado final. Tal vez lo difícil sea dar con el por qué ese plan diseñado no ha resultado. A los vigueses se les atraganta el Valladolid y se les atraganta Sergio. Lleva unas temporadas asistiendo a partidos en los que el Celta se ve incapaz de superar a los vallisoletanos que, sobre todo en Vigo, acostumbran a presentar un bloque compacto y con pocos resquicios a nivel defensivo. El domingo, los celestes carecieron de los recursos necesarios para superar a un equipo ordenado, un síntoma más que avala la situación clasificatoria actual.

Los vigueses no hicieron daño ni cuando el rival presionaba, ni cuando se replegaba. El Valladolid es un equipo duro y el Celta buscó saltarse la presión con juego directo y frontal sobre Mina, juego que ya ha quedado demostrado que no es efectivo a la hora de generar una segunda jugada que dé progresión al ataque.

Además, para cuando se superaba esa primera línea de presión, se echaron en falta los factores que desequilibran partidos como este: la verticalidad, la circulación rápida de balón, el desborde o el atrevimiento para buscar asociarse con rapidez por dentro para generar dudas a un rival que estuvo cómodo en defensa. Por el contrario, el Celta experimentó con la posición de sus interiores. Coudet trató de solucionar la baja de Nolito partiendo con Brais desde la izquierda, pero sin el éxito esperado. Incluso el intercambio de posiciones con Solari tampoco dio resultado hasta el punto de anular el juego de ataque por el carril izquierdo. A eso hay que sumarle que a Iago le está costando recuperar ese punto de forma previo a su lesión que lo hace mágico y que es capaz de provocar el desorden del rival. Todo sucedió de manera muy lineal.

El Chacho, cuando llegó, cambio el método. Tiró de un once tipo y de un sistema reconocible, ayudando así a dar estabilidad, seguridad y resultados al equipo. Pero como casi todo cuando se aparta del equilibrio, genera más problemas de los que soluciona. Llegados a este punto, el Celta para crecer parece necesitar profundizar en las alternativas tanto en el juego como en quien lo ejecuta. La competencia siempre es necesaria, te hace mejor. Porque mantiene en estado de alerta a los que cuentan, porque mantiene en los que no cuentan la ilusión por dar vuelta a los roles establecidos y porque al entrenador le vale para mantener viva la tensión y la ambición del grupo.

Y es que si algo parece echar en falta el equipo ahora, son alternativas a la hora de dar un giro al partido o de tapar ausencias, como se vio con la de Nolito. El domingo, el Chacho tendrá la dificultad de buscar una alternativa a Tapia, bien con la modificación de su sistema de referencia o bien con la adaptación de un jugador a un perfil del que el equipo carece. Lo veremos.

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