Sin Iago Aspas, solo balón parado

En las tres contiendas disputadas sin el moañés, los disparos surgidos de la pelota parada se triplicaron respecto a los tres encuentros anteriores


vigo / la voz

Iago Aspas aporta al Celta liderazgo goles y recursos. Porque además de rematar y dar últimos pases, la incidencia del futbolista en la creación del juego y en el balance ofensivo es enorme. Él hace que el balompié del equipo fluya con más criterio. Basta tomar como referencia los tres últimos partidos, en los que el internacional no ha estado disponible para Cardoso, y compararlos con los tres anteriores a la lesión en el Camp Nou para detectar que sin Iago el ataque celeste multiplica su dependencia del balón parado. Con Aspas, los ataques célticos surgen sobre todo en acciones de juego abierto, y sin él la pelota parada cobra un protagonismo inesperado. Néstor Araujo ha firmado en las dos últimas jornadas dos de los cuatro tantos que el equipo ha conseguido de esta forma.

Las contiendas contra el Huesca (victoria 2-0), el Villarreal (triunfo 2-3) y el Leganés (0-0) fueron los últimos duelos en los que Miguel Cardoso dispuso de la figura del equipo. En esos tres enfrentamientos la producción total de disparos del Celta se fue hasta los 41 tiros (14 entre los tres palos), de los que la inmensa mayoría (35) surgieron en acciones de juego abierto, reduciéndose a tan solo cinco los disparos generados a balón parado. En uno de estos tiros de estrategia Okay Yokuslu marcó su primer tanto como celeste. El disparo restante registrado durante ese tramo de tres encuentros surgió en una acción de contragolpe, la gran lección olvidada por los célticos esta campaña.

El origen de los disparos del Celta desde que Iago desapareció del once ha experimentado un cambio brusco. Ante el Athletic (derrota 1-2), el Rayo Vallecano (derrota 4-2) y el Valencia (derrota 1-2) el equipo vigués menguó en el juego abierto y su volumen ofensivo dependió mucho más de las acciones a balón parado.

En las últimas tres derrotas el equipo fue capaz de incrementar su número de disparos -si se compara con el ciclo que va del Huesca al Leganés- de 41 a 42 (11 entre los tres palos), surgiendo 24 de esas acciones en juego abierto y 16 a pelota parada. Es decir, en los encuentros con Aspas los vigueses solo generaban el 12 % de los tiros en córneres y faltas, y en las tres últimas derrotas, que coincidieron con la ausencia del moañés, el ratio se disparó a un 38 %. En los tres últimos partidos, ni un solo disparo generado en contragolpes.

Desde que arrancó la campaña, Aspas se ha echado el equipo a la espalda en muchos sentidos, y uno de ellos es en la generación del juego de ataque. Constantemente el moañés aparecía a la altura del centro del campo, o incluso retrasaba más su posición para colaborar en tareas defensivas y sobre todo dar pie al nacimiento de acciones de juego abierto.

El moañés, además de rematar y dar el último pase, asumía un papel de creador al ver que el fútbol de su equipo no acababa de carburar. Él le daba continuidad, lo que permitía al Celta vivir mucho más de la calidad de sus futbolistas y no caer y recaer en las acciones a balón parado, una opción tan válida como otra cualquiera, pero que no les está bastando.

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