Balaídos, de lo que fue a lo que es

En 1982 acudieron 42.000 espectadores para un ascenso, este curso la media no llega a 16.000


Acaban de cumplirse 36 años de dos citas históricas en las que Balaídos presentó los mayores llenos que se recuerdan. Fueron los dos el mismo año, en 1982, en vísperas del Mundial para el que se había reformado un estadio que albergó en esas dos ocasiones a más de 40.000 personas. «Solo 42.000», precisaba La Voz el 17 de mayo de 1982 en referencia a la cantidad de gente que se había quedado fuera. Echar la vista hacia esas cifras del 6-0 al Getafe que suponía el ascenso y compararlas con la situación actual supone un contraste notable.

Salvando las distancias y teniendo en cuenta que la capacidad de Balaídos es ahora mucho menor (alrededor de 28.000 personas) y que en aquel partido la gente se acomodó hasta en las escaleras de Río hasta que no fue posible meter a nadie más, lo cierto es que aquella expectación por el Celta queda muy lejana. Actualmente, con el equipo en Primera y sobre el papel luchando por Europa casi hasta el final, los números de Balaídos han estado muy por debajo de lo que cabía esperar.

La cifra media de espectadores a lo largo de este curso se queda en 15.642, que ascenderían ligeramente (unos 150 más) si no se tiene en cuenta el partido frente al Atlético de Madrid, en el que la grada de Río permaneció cerrada al público. Cierto es que suele ser uno de los compromisos en los que mejor aspecto presentan las gradas de Balaídos y que esa circunstancia hizo que no se alcanzaran los 13.000 aficionados el 22 de octubre.

La mejor entrada del curso corresponde a la visita del Deportivo hace dos semanas, con 20.816 espectadores. Solo en otros dos partidos se superó la barrera de los 20.000, en concreto frente al Real Madrid en enero (20.872) y frente al Barcelona en abril (20.347). Las peores entradas corresponden a partidos disputados entre semana, un factor que también resulta decisivo a la hora de que los aficionados no se decidan a acudir al campo. La más pobre se registró frente al Leganés en un partido disputado en viernes en el que se congregaron menos de 11.000 personas; le sigue el duelo frente al Las Palmas del lunes 5 de marzo, con 11.276 celtistas. El Celta fue especialmente castigado con los partidos entre semana, sobre todo en la primera vuelta.

Entre las asignaturas pendientes que se le plantean al Celta de cara a la próxima temporada está recuperar a la afición para la causa. Si bien el problema de la asistencia viene de atrás, este año se ha visto acentuado por un desánimo generalizado a medida que se percibía que el proyecto no daba el resultado esperado. La media de Balaídos hace tres temporadas había superado los 18.000 y en las dos siguientes se había quedado en torno a los 16.000. Un curso más, ha seguido bajando.

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