Cargas en el día del consenso

La Voz VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

M.MORALEJO

Las palabras de Mouriño, Feijoo y Caballero dejan entrever diferencias que han existido

16 dic 2017 . Actualizado a las 23:31 h.

En una jornada planteada como el momento para escenificar la unión de fuerzas de Celta, Concello y Xunta en los proyectos futuros del club, las diferencias entre los tres organismos salieron a relucir tímidamente en las intervenciones de los protagonistas. Núñez Feijoo y Abel Caballero se lanzaron pullas mutuamente, y entre Mouriño y el alcalde también se hicieron visibles resquicios de los desacuerdos del pasado. Todo a pesar de que ahora existe un consenso para desbloquear las que para la entidad eran desde hace años sus grandes asignaturas pendientes.

Abel Caballero fue el primero en lanzar un dardo velado al presidente de la Xunta. El regidor local celebró el acuerdo alcanzado con el Celta para la concesión de Balaídos, pero dejó caer que «si otra institución más se uniera, mejor iríamos». Aunque dejó claro que el hecho de que la Xunta no participe no será ningún freno: «Lo haremos en tiempo, plazo y forma, con esta forma de caminar utilizando la bota de siete leguas», dijo. Pidió que la obra «guggenheimiana» se juzgue cuando esté acabada.

La respuesta de Feijoo, que alabó que «Mouriño supo imponerse a cualquier localismo», tampoco se hizo esperar. Incidió en que la Xunta había puesto todo de su parte pese a que lo ocurrido con el plan general de ordenación urbanística era un obstáculo difícilmente salvable. «Entendimos que había razones para arrimar el hombro y sacar este partido con el mejor resultado, sabiendo que no es fácil con la realidad de un Concello donde el PXOM fue tumbado por la justicia».

En respuesta directa a las palabras de Caballero reclamando que la Xunta contribuyera económicamente a la reforma del estadio, el presidente de la Xunta fue contundente. «Los vigueses y gallegos me encomendaron que dediquemos el dinero a hacer muchos campos de fútbol, en Vigo, diez. El Cunqueiro, más campos de fútbol o la mayor depuradora hecha jamás en Vigo», indicó. El alcalde recalcó que la reforma de Balaídos está supeditada a la ley, de manera que «no depende de ninguna gracia desde ningún ámbito de la Xunta, es estricto cumplimiento de la ley y, por tanto, obligado».

Entre Caballero y Mouriño las hostilidades fueron más veladas. Ninguno de los dos quiso entrar a fondo en la cuestión de que la ciudad deportiva no vaya a estar finalmente en Vigo, pero el alcalde dejó entrever su descontento. «Tengo mi opinión, pero no voy a entrar. Hay que preguntarle a Mouriño por qué ha sido imposible. Hoy es el día del Celta y no voy a polemizar, menos con el presidente», zanjó.

Mouriño, por su parte subrayó que no podían «perder otros diez años». «Había que buscar soluciones. Después de mucho tiempo de dimes y diretes, ahora vamos a trabajar», celebró. Recordó, asimismo, que «cuando un plan está por encima de los personalismos, el trabajo se hace con decisión y creyendo, se consigue lo que vemos hoy».