El Celta sigue adelante en la Copa, incluso ganó también el partido de vuelta de dieciseisavos de final ante el Eibar, pero hacer los deberes no implica aprobar el examen. Los jugadores de refresco que Unzué metió en el once, todos ellos pertenecientes a las dos líneas de vanguardia, no aprovecharon su oportunidad. El tridente de ataque no existió y fue Iago Aspas quien marcó recién entrado en la recta final, la sala de máquinas hizo aguas e incluso en defensa volvieron a surgir las dudas. En un día en donde lo mejor fue el resultado y el trámite resuelto, Sergio Álvarez se reivindicó manteniendo su puerta a cerco con un ramillete de buenas paradas.

Encefalograma plano del Celta durante el primer tiempo. Con el once esperado (de lo más aseado) los vigueses salieron al campo en modo contemplativo y con un punto de indolencia. Le cedieron la iniciativa, el balón y la intensidad al Eibar no llegó a poner a prueba a Sergio Álvarez pero que se cansó de coleccionar centros laterales, de pisar el área y de transmitir la sensación de que la cosa podía complicarse en cualquier momento.

El Celta no existió en ataque. Un par de carreras de Hjulsager fue toda la aportación del tridente nórdico porque Guidetti y Emre Mor simplemente estaban desaparecidos y desconectados. Tampoco en el centro del campo, en donde la superioridad numérica teórica por la vuelta al 4-3-3 se diluía en el control de partido que ejercían Jordan y el imberbe Sarriegi. Sí estuvo a la altura en defensa, pese a la falta en las bandas de los jugadores ofensivos, aunque con alguna pérdida innecesaria para batallar con el poblado ataque armero (nunca bajaron de cuatro unidades en posición de remate). Lo mejor para el Celta es que ningún disparo cogió portería, algo que consiguieron los celestes en la única incorporación de Hugo Mallo.

El segundo tiempo cambió, pero en el bando armero. Después de un intercambio de golpes inicial, con un aviso de Charles tras un fallo de Fontás, otro de Bebé y dos réplicas de Emre Mor, el partido se volcó de una manera definitiva hacia la portería de Sergio, y fue el portero de Catoira y la miopía de los delanteros de Mendilibar le que mantuvo con preponderancia en la eliminatoria a los célticos. Bebé conectó un disparo desde la frontal que el meta de los vigueses sacó con la punta de los dedos y que cogió a Charles a contrapié. Luego falló O Gato en la salida de balón pero de nuevo arregló el mal día colectivo con otra parada. A renglón seguido un cabezazo de Kike no cogió portería. Todo, porque el sistema defensivo también se unía al mal día general.

Tan mal debió ver la situación Unzué que puso a calentar a Aspas y a Lobotka, dos de sus lugartenientes, y en la recta final, con el 0-0 entraron en el campo. Iago como nueve de referencia y Stanislav como ancla. Y aunque no puede decirse que fueran decisivos para calmar los ánimos de un Eibar que siempre tuvo la cabeza en la competición de Liga, al menos dieron un punto de pausa en un partido desatado y sin nada rescatable. Con la rebelión sofocada, el Celta incluso encontró el premio del triunfo en una contra con servicio de Hjulsager que acabó con Iago Aspas derribado por Dimitrovic dentro del área. El de Moaña, como siempre, puso el balón en el punto de penalti para prolongar su pleno de aciertos (doce de doce).

 

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El Eibar dispara y el Celta mata