El espectáculo de Maxi Gómez

Marcó su cuarto gol en tres partidos y comenzó a dar señales de conectar con el grupo


Maxi Gómez ha entrado por la puerta grande en el fútbol continental. Llegaba al Celta listo para echar mano del pico y la pala para pelear por los primeros minutos, pero no ha sido necesario. Guidetti le despejó el camino de la titularidad, y cuatro goles en tres partidos le han dado carta blanca sobre el terreno de juego. Ayer, frente al Alavés, disputó los 90 minutos, marcó, dispuso de oportunidades para ampliar la cuenta, quemó más kilómetros de los que se le esperaban e incluso se lio la manta a la cabeza para cortar casi con un placaje un contragolpe que apuntaba a peligroso en los estertores de la contienda. El uruguayo está creciendo y para el Celta es una gran noticia.

«No me esperaba este inicio goleador, tampoco jugar de un principio», admitía el delantero a pie de campo nada más acabar la contienda, «el míster decidió ponerme, entré e hice lo mejor». Y lo mejor fue, de nuevo, ver portería. Y otra vez de cabeza. Pione Sisto centró el balón al corazón del área y el uruguayo, que parece controlar al milímetro todo lo que se sucede en la zona donde se decide el fútbol, cabeceó para batir a Pacheco y, de paso, darle los primeros puntos a su equipo. Porque esa era la espinita que tenía clavada, su acierto hasta ahora no había reportado victorias.

Maxi Gómez es un depredador en los metros finales. No es un jugón, no tiene la calidad de Aspas ni la velocidad o agilidad de los extremos, pero cuando se trata de ver portería, tiene el don del gol, lo que más se valora en un delantero, y lo que más se paga en el mercado. El exjugador de Defensor Sporting intuye el balón, sabe colocarse en el lugar adecuado, trabaja para hacerse con él, juega con su cuerpo para ganar la posición y arma el disparo sin alardes, pero de manera bastante efectiva.

Ese fue el repertorio que sacó a pasear frente a la Real Sociedad y contra el Betis, y el que volvió a exhibir frente al Alavés en una contienda en la que su abanico se amplió a otras facetas. Bajó metros para intentar recibir, procuró echar una mano en tareas defensivas e intentó participar más en el juego del equipo. Poco a poco el Maxi va tomando el pulso al fútbol coral con el que el Celta pretende convencer y ganar, pero sin perder de vista cuál es su cometido. Sentenciar en el área.

Seis disparos, dos de ellos entre los tres palos, dos balones aéreos ganados y una mayor conexión con el balón alumbraron la actuación de un veinteañero que acaba de cruzar el océano para enrolarse en una de las ligas más competitivas del mundo, pero que se ha liberado de todo vértigo.

Por lo de pronto, Maxi Gómez está disfrutando en el Celta con un promedio de un gol cada 77 minutos. Números de crac para un recién llegado dispuesto a comerse el mundo.

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