La guinda del volcán celeste

Embalado hacia la Eurocopa, pone goles y arte al fútbol de Berizzo


vigo / la voz

«Para nosotros no es Nolito, es Nolasso». La frase corresponde a Eduardo Berizzo entre bambalinas y recoge el significado que el sanluqueño tiene para el Celta. Especialmente dentro del campo, pero también fuera. Por su desequilibrio y su facilidad para marcar aun jugando en banda y por su carácter. Porque Manuel representa la alegría y el jugador que está dispuesto a acudir a cualquier sarao.

Nolito le debe mucho al Celta y viceversa. Nolo -su nombre de guerra para el vestuario- llegó a Vigo rebotado. Jorge Jesús no lo quería en el Benfica y la cesión en el Granada no acabó en flechazo. El hoy internacional absoluto con España, incluso tuvo un inicio difícil de celeste. Llegó un punto fuera de forma y le costó adaptarse al catecismo que ya conocía de Luis Enrique.

Lucho fue su segundo padre después de que Josep María Nogués le pusiese las pilas en el Écija. Con el asturiano aprendió a sufrir, se puso fino y sentó las bases del jugador descomunal en el que ha llegado a convertirse.

Desde el primer día en Balaídos se pegó a la banda izquierda, siempre con el mismo juego de regate, finta y disparo. «Tiene la suerte del uno contra uno, un bien cada día más en desuso», predicó Del Bosque la semana pasada después de poner loco al lateral derecho de la selección inglesa. Con ese juego ha firmado como céltico números de máximo goleador en dos temporadas consecutivas (14 y 13 goles respectivamente).

La gran duda en el verano del 2014 era saber si Nolito se adaptaría al método Berizzo. Él, que siempre ha sido un atacante al uso, tenía que incorporar el manual de los duelos al hombre intensos y continuados. Le respondió desde el primer día actuando de guardaespaldas de Jonny.

Y el resultado ha sido el despegue del equipo y del futbolista. En una de sus charlas diarias de A Madroa Berizzo se quedó corto en su vaticinio para Nolito: «Le tenemos colocado en el escaparate de la selección». Poco después llegó la primera convocatoria con la absoluta, pero aquello no fue una visita esporádica, sino que Nolito siguió alimentado con fútbol las llamadas de Del Bosque. En un año colecciona cinco partidos y ya se ha convertido en un candidato real a la Eurocopa de Francia.

Tal es la dimensión que ha adquirido su figura, que hasta el Valencia se tomó quince días atrás la molestia de alinear a dos laterales derechos para frenarle. «Si me marcan dos, un compañero quedará libre», comentó con su gracia y positivismo esta semana un Nolo que jamás ha dejado de dar la cara pese a que lleva seis meses en el zoco permanente del fútbol español. Con tres años más de contrato, confiesa en la intimidad que su deseo sería jugar una competición continental con el Celta, un objetivo que se torna inviable sin la presencia del gaditano más allá del próximo mes de enero. Porque el juego coral y en tropel de lo celestes casi siempre acaba en su costado. Para que el icono le ponga la guinda con arte.

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