Los célticos de la época rememoran la última victoria en Anoeta, en 1999
27 oct 2015 . Actualizado a las 09:53 h.Han pasado dieciséis años desde la última vez que el Celta se impuso a la Real Sociedad a domicilio, algo que tratará de reeditar el sábado. Fue el 25 de septiembre de 1999, en la visita a Anoeta que el entonces equipo de Víctor Fernández realizó de la quinta jornada de Liga. Queda tan atrás aquel 0-2 -con goles de Mostovoi y Karpin que en los dos casos subieron al marcador en el segundo tiempo- que a los protagonistas celestes les cuesta de primeras recordar aquella tarde. Pero en cuanto se les dan dos pinceladas se les van viniendo a la cabeza los detalles.
«Fue un partido disputado y complicado para nosotros pese a que estuvimos muy bien», rememora Juan Velasco, que formó la defensa junto con Djorovic, Juanfran y Sergio Fernández, con Dutruel en portería y todos completando los 90 minutos. «Ellos siempre han sido un equipo que te deja hacer tu fútbol, pero que tiene muchos recursos ofensivos para dificultarte las cosas y eso fue lo que pasó aunque consiguiéramos llevarnos la victoria gracias a hacer un muy buen partido», añade.
Un resumen parecido es el que hace Gustavo López, de los más destacados de aquel triunfo que llegó en la primera temporada en la que él vestía de celeste. «La Real aún no era la que pocos años después, en la 2003/2004 luchó por el título, pero era un señor equipo, con buenísimas individualidades. Fue un partido muy trabajado, luchado y que se decantó por detalles en una época en la que el Celta también contaba con una plantilla espectacular».
Cuando se le menciona este encuentro a Mostovoi, autor del primer tanto, le cuesta situarse: «Son muchos partidos jugados y muchos goles marcados», se justifica. Pero no en todos salió en el minuto 65 y anotó dos minutos después, asumiendo el lanzamiento de una falta cuando ni siquiera había tocado balón. «Es cierto, hace mucho tiempo, pero recuerdo aquel gol de falta y que luego Karpin hizo el segundo a poco tiempo del final».
El gol de su compatriota ruso llegó en el minuto 89 y fue a pase de Tomás Hervás, que sí guarda recuerdos nítidos no tanto de todo el encuentro como de aquella jugada en la que participó. Como Mostovoi, también él había comenzado el partido en el banquillo. «Fue una jugada bonita, recibí un pase largo, creo que de uno de los centrales, un golpeo bueno en carrera orientado que pude controlar perfecto, vi que Karpin se incorporaba muy bien por el otro carril y finalizó la jugada sin problemas», relata. La sentencia llegaba así en un momento clave, ya que los donostiarras «iban por detrás y estaban volcados en buscar el empate, por lo que había que tratar de buscar el gol a la contra» como finalmente consiguieron.
Todos coinciden en señalar que la Real no era un rival más en aquella época, sino que estaba empezando a convertirse en uno de los más temidos y, de hecho, llegaba a aquel enfrentamiento por encima de los vigueses en la tabla. «Tengo un recuerdo especialmente bueno porque sabíamos que no era nada fácil llevarse los tres puntos allí. Es un partido de esos en los que te quedas con la conciencia tranquila porque sabes que hiciste las cosas bien, como el entrenador te había pedido, y se logró el objetivo», señala Gustavo. En la misma línea, Tomás incide en que aquel Celta era «un equipo que podía ganar a cualquiera».
En aquella misma temporada también en la vuelta, ya en Balaídos, se impuso el Celta (4-1 con doblete de Gustavo). Pero el choque contra los vascos que más grabado les quedó a los que aún seguían en el equipo fue el de la penúltima jornada de la temporada 2003/2004, una victoria que suponía medio billete a la Champions.