La jornada 6 contaba como la anterior o la siguiente. Y el Getafe no parecía ningún reto imposible. Clavados en el seis, Luis Enrique prescindió de la media docena de futbolistas que lo habían jugado todo. Convirtió las rotaciones asumibles en una especie de renuncia previa al pitido inicial. Desconcertó al equipo sumando en un once a la mayoría de los relevos. Y lo que podía ser una oportunidad para que alguno descanse, y otro se reivindique, se convirtió en el vagar de un equipo fantasma, sin creerse a lo que estaba jugando. Una jornada entre semana ha sido suficiente para que Lucho sufra paranoia. El argumento de las oportunidades se pierde una vez que, tanta junta, convierte al equipo en un saldo. El Celta no fue competitivo en Getafe por segundo año consecutivo.
Quizá sumido en la precaución, el técnico maquinó el experimento para dejarle un recado al club por haber empaquetado la plantilla antes de completarla. No hay mayor evidencia para Krohn, Orellana y David que verse juntos en un once. O quizá creía que casi ninguno de sus titulares aguantaría un partido extra. Lo cual, acabando septiembre, sería para preocuparse. Y, al final, con su vuelco, lo que pretendía reivindicar el técnico lo ha depreciado, a la vez que dejó escapar tres puntos ante un rival vulgar por un capricho de difícil explicación. Tres puntos iguales a los que debe sumar ante el Elche, con lo reservado, para que su experimento se quede solo en anécdota.