Josefina Fernández: «Soy puro nervio»

La consejera delegada de Geriatros asegura que «nunca ha sentido el machismo» a pesar de haber vivido «en un mundo de hombres»


Una hora con Josefina Fernández (La Mata del Páramo, León, 1964) cunde mucho. Menuda, rubia y con unos ojos realmente poderosos, la ejecutiva dice ser lo que parece: una jefa vigorosa, mujer religiosa, campechana, divertida y muy amante de la vida. Con motivo de la entrevista, comemos en el Club Financiero de Vigo. Ella pide una tortilla francesa con tomate «que no haya estado en la nevera». Si se le cuestiona su galleguidad, responde: «¡Soy más gallega que tú!».

-Estuvo usted mucho tiempo con las monjas.

-Sí. Llegué hasta novicia y es verdad que me dejaron un sello muy importante. Pero durante unas vacaciones en Gijón me hice adicta al trabajo. Descubrí que había muchas formas de estar en la vida.

-¿Qué edad tenía?

-18. Me costó mucho tomar la decisión. Para mí era muy bonito ser monja pero había algo del mundo que me tiraba. Yo quería cambiar el mundo.

-¿Es de las que van a misa?

-Todos los domingos. Pero voy en chándal porque primero voy a correr y luego a la misa de las 11.

-¿Dónde vive ahora?

-El lunes suelo estar en Vigo; de martes a jueves en Barcelona y el viernes intento estar en Madrid.

-Dígame, ¿cómo era de pequeña? Seguro que era una buena nena.

-Para mi suerte o para mi desgracia fui muy traviesa. Tanto que la monja le decía a mi padre: «Yo creo que de este mes no pasa que no te la expulse. Cada vez que la riño me dice que me ponga esparadrapo en la boca», ja ja. En mi pueblo, si pasaba algo, era la hija de José Luis. Pero ya se me nota en la sangre. Soy puro nervio.

-¿A qué le gustaba jugar?

-Al brilé. Me encantaba. Y a las tiendas. Ahora soy una experta jugando a las cartas y al futbolín.

-¿Está casada?

-Divorciada, con una hija de 22 años. Nació el 1 de noviembre porque yo no tenía tiempo en día laborable. Ni cogí la baja por maternidad. Lo único que le pido a mi hija es que, sea lo que sea, se levante por las mañanas con la ilusión de ir a trabajar, como hago yo. Para mí, la mayor alegría es que nadie me ha visto amargada.

-Su carrera, su trayectoria, ¿ha sido más difícil por ser mujer?

-No quiero que suene mal, porque no quiero ofender a nadie, pero a mí no me ha sido más difícil. Yo nunca he sentido el machismo, aunque he vivido en un mundo de hombres. Ni me han puesto barreras ni me han acosado. He sentido el machismo de cafetería, pero es que me encanta que me echen un piropo. Crié a mi hija yo sola y pude montar una empresa. ¿Que he tenido que renunciar a muchas cosas? Desde luego. Pero es que para conseguir algo en esta vida hay que renunciar a cosas.

-¿Qué tal se defiende en la cocina?

-Soy una cocinillas. Es lo que más me relaja. Mi casa los domingos es la Pensión Chefi. Lo normal es que haya veinte personas comiendo. Hago un cocido en el que mezclo el gallego con el leonés, o un buen rabo de toro o una fabada asturiana.

-¿Y el baile, se le da bien?

-Me encanta bailar y, si tuviera tiempo, me apuntaría a una escuela. No hay gimnasio que se compare con el baile. Aunque yo no voy al gimnasio, yo ando. Ando como Rajoy [y muestra en un par de gestos certeros cómo anda el presidente].

-Cuente un chiste.

-Cuento chistes muy pocas veces, pero me encanta reír. Cuento uno de Javier Veiga que le escuché el otro día: decía que tenía una novia tan delgada que en vez de hacer el amor, la tenía que enhebrar, ja ja.

-¿Qué se le da bien?

-Trabajar.

-¿Y qué se le da mal?

-Ligar. Me pongo muy nerviosa.

-¿Tiene alguna manía?

-Sí. Cuando estoy parada en un semáforo en rojo, rezo un padrenuestro. No me gusta perder el tiempo.

-¿Le interesa el fútbol?

-Veo y leo fútbol. Porque si hay una conversación sobre fútbol yo no me voy a quedar calladita. Soy de la selección española, del Celta y de Carlos Mouriño.

-Su sitio favorito.

-Cangas. La playa de Nerga.

-¿Cómo es un día perfecto?

-Un lunes. Porque empieza la creación de todo aquello que tuviste el valor de soñar el fin de semana.

-Dígame algo que le resulte repugnante.

-No soporto a la gente que miente.

-¿Qué tal se lleva con el móvil?

-Tengo dos. Y creo que ya tuve más adicción de la que tengo

-Una canción.

-Las 4 estaciones de Vivaldi. Es la música que me suelo poner para cocinar.

-¿Que es lo más importante en la vida?

-La familia. Todo pasa, pero siempre queda la sonrisa de tu familia cuando la necesitas.

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