«No me considero guapa»

Para medir la popularidad de Silvia Jato, solo hay que escucharla sin mirarla. Esa voz resuena en la cabeza como si hubiera estado ahí toda la vida


Para medir la popularidad de Silvia Jato (Lugo, 1971), solo hay que escucharla sin mirarla. Esa voz resuena en la cabeza como si hubiera estado ahí toda la vida. Charlamos un rato en el Derby de Santiago. Llega tan guapa y elegante como siempre antes de ir a la peluquería (nadie diría que le hiciera falta) y solo me pide una cosa: que no hablemos del corazón. Pues que así sea.

-¿De pequeña ya le tiraba la farándula?

-De pequeña la verdad es que tardé mucho en hablar. Hasta mi madre me decía «¡Manda narices que hayas acabado presentando Pasapalabra!», ja ja. Pero sí, creo que siempre tuve una pulsión. Hasta tenía un nombre artístico: Uva María Currú Currú.

-¿Y ya era guapa o es de las que floreció en la adolescencia?

-No, no. De pequeña tenía que enseñar los pendientes para que vieran que era una niña. Todos pensaban que era un niño. Nunca creí que fuera guapa. Ni me lo creo ahora.

-Pero se presentó a miss España. Y ganó.

-Sí. Me presenté impulsada por mi madre, que es la que más creía en mí y sigue creyendo. Ella llegó a ser miss Galicia. Me presenté por ella, por cumplir su sueño. Y es cierto que aquello me cambió la vida 180 grados.

-Así que desde entonces ya sabe que es guapa.

-No, no lo asumo. No me considero guapa. Yo sé que no soy fea, pero me veo mis defectos. Sin embargo me encanta observar la belleza en los demás.

-¿Tiene algún tatuaje?

-No. No me gustan.

-¿Ve la tele?

-No todo lo que debería, pero me encanta hacerlo como espectadora y no como profesional. Soy adicta a los canales de noticias y documentales y, por supuesto, también me gusta un buen concurso. Y las series.

-Y sin embargo tiene tres hijos, que le consumirán mucho tiempo.

-Bueno, en realidad veo lo que les gusta a ellos, que son los dueños del mando y los canales que se ven son los suyos.

-¿Qué le dicen cuando la ven a usted?

-Es curioso pero me han visto en contadas ocasiones. Alguna vez que me vieron, uno de mis hijos decía que tenía dos mamás: una de verdad y otra que salía en la tele. Así que lo evito, porque les genero un caos tremendo.

-¿Le gusta la casa?

-Sí, mucho. Soy muy hogareña. Soy una defensora del matriarcado. Disfruto de la cocina, de una tarde de juegos y palomitas en casa. Quizás por tener que viajar tanto, pero me encanta estar en mi casa con mis calcetines de lana, mis seres queridos, mi sofá y mi gato Carolco.

-¿Qué le gusta hacer cuando no tiene nada que hacer?

-No planificar. Odio las agendas y los viajes largos. Me gusta que me sorprenda el día. Estar con mis amigos, pasear, charlar de la vida, pasar una tarde al sol...

-Usted es de Lugo capital, no fue una niña de aldea.

-Yo creo que en Galicia todos lo somos. Yo también tengo mis recuerdos de mi perro Pichuco, de poner histéricas a las gallinas, de que se nos escaparan los conejos...

-Sus hijos no saben lo que es eso. ¿Lo lamenta?

-Sí, mucho. Lamento que no sepan lo que es una matanza o llevar las vacas al campo, coger huevos del gallinero, coger moras en el camino...

-Usted ha trabajado con muchísima gente en todas las cadenas. ¿Con quién lo hizo más a gusto?

-Uf. Es muy difícil porque no me acordaría de todos. Pero he trabajado muy a gusto con Bertín, con Carlos Sobera, con Paula Vázquez... Lo que se ve en la tele es lo que se produce.

-Bertín lo está petando otra vez. ¿Le sorprende?

-En absoluto. Hay grandes personajes televisivos que no están en antena porque en este país se ha caído en la sensación de que el veterano está obsoleto. Pero para entrar en una casa te tienen que dejar entrar. El personaje televisivo tiene que hacerse con el espectador. Luego te saludan como si te conocieran de toda la vida. Y eso es un privilegio.

-Cuando la abordan por la calle, ¿le molesta?

-Vivimos por y para el público y todo lo que venga con respeto se acepta. Nunca me he sentido agredida por la gente. Sí por los medios. Ahí sí que me he sentido violentada. A una revista la tuve que llevar a juicio por sacar unas fotos de mis hijos. Me costó cinco años, pero se hizo justicia. Hay fronteras que no se pueden traspasar.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Para mí, vivir el día. Y hacerlo dando gracias por todo lo que tengo.

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