«The New York Times» filtra el juicio del 2005, en el que el actor se muestra arrogante y burlón, y reconoce que pagaba a las mujeres para que no hablasen
20 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Hace diez años Bill Cosby declaró durante cuatro días en un intenso interrogatorio acusado de haber drogado y pagado para mantener relaciones sexuales con mujeres. Toda esta documentación, que hasta ahora Cosby había conseguido mantener en privado, la detalla en exclusiva The New York Times, después de tener acceso al extenso sumario. En él, y con sus propias palabras, Cosby reconoció haber tenido encuentros sexuales con Andrea Constand, una joven que trabajaba en la Universidad de Temple como gerente de baloncesto. Y también confesó haber suministrado sedantes a otra mujer, Therese Serignese, a quien pagó a través de su agente 5.000 dólares para evitar que su mujer, Camille, lo descubriera, aunque él lo consideró un «bono» por sus buenas notas.
Durante dos años, según sale en el expediente, Cosby obtuvo unas siete recetas de un sedante, Quaaludes, de un médico de Los Ángeles, aparentemente por un dolor de espalda, aunque en realidad era para dárselo a las mujeres.
En cuanto a la forma de acercarse, Cosby explicó que con Constand la relación comenzó «invitándola a mi casa, hablando con ella de su situación personal, sobre su vida, su crecimiento, su educación». Él se describe, en un discurso lleno de arrogancia, como un mentor, «alguien que está en el negocio», y de hecho le molesta que la joven no siga sus consejos, como cuando llamó a un amigo para que ella participase en un espacio de deportes y Constand no quiso: «Bill Cosby sabe lo que hay que hacer, pero ella no se entera», resumió el actor.
En su casa de Pensilvania, Cosby ponía las luces tenues, y una vez llevó a la chica al jardín trasero, lejos de la vista del cocinero. En la siguiente cita, sí, hubo «un resplandor», un «momento sexual». Y en el juicio aseguró que él se contenía de tener sexo porque no quería que las mujeres «se enamorasen» de él: «Siento que van a sucumbir a un sentimiento, no amor, pero algo más profundo que un encuentro lúdico». Por supuesto, ante la pregunta de si estaba enamorado de Constand, la respuesta fue «no».
¿Y cuando ocurrió el encuentro sexual, o violación, según ella? Una noche en la que él le dio, dijo Benadryl -un antihistamínico, aunque el abogado de la joven cree que se trató de una droga más fuerte- para aliviarle el estrés. Justo después llegaron los besos y el contacto sexual. ¿Se dio cuenta él de la relación causa-efecto? Dijo que no, porque él ofrecía el sedante como «si ofreciese una copa» y no pensó en que limitaba su voluntad. Ni siquiera cuando un tiempo después llamó a casa de la joven, a Canadá, y la madre le recriminó su actitud -estaba molesta por lo que su hija le dijo que Cosby había hecho-; en esta ocasión, él se preocupó de que la mujer lo considerase «un viejo verde».
El interrogatorio está salpicado de contestaciones arrogantes: «¿Qué es para usted confidencial?», le preguntan; «búsquelo en un diccionario».