Cincuenta sombras de Lewinsky

El pintor que retrató al expresidente Clinton asegura que la mancha oscura que se proyecta en la chimenea del retrato simboliza a la becaria


Colpisa

Nelson Shanks es una especie de pintor de la corte. Ha retratado a Juan Pablo II, Lady Di y Bill Clinton. A Shanks, de pincelada realista, le gusta hacer de vez en cuando alguna travesura. Con uno de sus modelos, el expresidente Clinton, se permitió una licencia que no ha debido de agradar al antiguo inquilino de la Casa Blanca. Al recrear su estampa ante una chimenea, le dio por plasmar una sombra. La sombra de Lewinsky, es solo una, pero da tanto que hablar como las 50 de Grey.

Ahora el pintor asegura que esa mancha simboliza la presencia de la becaria, que a pesar de tener 41 años siempre será una mujer en prácticas. ¿Es cierta la versión de Shansks? Es cuestión de fe. Como sucede con las caras de Bélmez, donde unos ven un fraude, otros ven un rostro torturado. «Es una metáfora que representa al mismo tiempo una sombra sobre el cargo que él ocupó, o sobre él», aduce el pintor.

Lo que de verdad ha de incomodar a Clinton es que Lewinsky, como un fantasma, se aparezca en todas partes. Cuando ya nadie se acordaba de ella, se manifiesta a deshoras. Ni al exmandatario ni a su esposa Hillary, embarcada en la carrera por suceder a Barack Obama, le hacen ni pizca de gracia estos coletazos del escándalo sexual. 

Sin embargo, una década después, el vestido azul de Lewinsky proyecta su sombra sobre el cuadro. Según Nelson Shanks, el affaire que precipitó su caída está sutilmente reflejado en el lienzo. Porque ese misterioso espectro que se aprecia en la parte superior de la chimenea no es otra cosa, dice Shanks, que la silueta de un maniquí enfundado en la prenda. Lewinsky, que rompió en mayo su silencio, no puede enterrar el dichoso vestido que se manchó con el semen de Clinton. Son las desventajas de tener sexo oral con uno de los hombres más poderosos del mundo. El artista, que ha concedido una entrevista al Philadelphia Daily News, se abstuvo además de pintar a Clinton con su anillo de casado.

Para alivio del matrimonio Clinton, el cuadro no está a la vista del público. Si se llegara a exhibir seguro que sería objeto de muchas maledicencias. De ahí que permanezca a buen recaudo en la National Portrait Gallery de Washington. Shanks dice que los Clinton tienen ojeriza al cuadro y lo quieren lo más lejos de la curiosidad del respetable.

Si bien la sombra de la discordia puede ser cualquier cosa, lo cierto es que el museo no tenía conocimiento del mensaje encriptado que encierra el óleo. El portavoz de la entidad, Bethany Bentley, se enteró de la noticia cuando recibió insistentes llamadas de la prensa. La entidad cuenta con 55 retratos de Clinton, entre pinturas, fotografías y esculturas, pero ninguno está dando tanta guerra como el pintado por Shanks.

Los tentáculos de los Clinton llegan a todas partes. Hace poco, hasta el cineasta Martin Scorsese, que se atreve con todo, desistió de seguir adelante con el documental que estaba preparando sobre el expresidente demócrata. Y todo porque Bill Clinton pretendía controlar el montaje de la película, a lo que se negó el director de El color del dinero.

Lo mismo le ocurrió hace dos años a Charles Ferguson, quien también quería arrojar luz sobre la figura de Hillary Clinton con un trabajo para la CNN y se vio obligado a arrojar la toalla. Las sombras que se ciernen en torno la pareja son impenetrables.

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