¿Pero qué les damos?

No solo Antonio Orozco conoció el amor en A Coruña. Artistas como Alejandro Sanz, Raquel del Rosario o Joaquín Sabina vivieron aquí episodios sentimentales


Algo pasa entre los músicos, cupido y Galicia. Al final, muchos de los primeros terminan locamente enamorados por aquí. El último que lo desveló fue Antonio Orozco. La semana pasaba confesaba en La Voz haberse colado perdidamente por una coruñesa «que era lo más» hace años. Se trata de otra relación a sumar a una extensa lista de flechazos surgidos entre estrellas del pop y gallegos/as que pasaban por ahí hasta que el corazón dio un vuelco.

No quiso especificar Orozco si aquella mujer terminó retratada en algún verso de su producción. Sí lo hizo Sabina, quien en Y nos dieron las diez (tema incluido en su elepé Física y Química de 1992), relata con dulzura una noche en A Coruña con una mujer que empezó en la discoteca Pirámide, siguió en el afterhours Soweto y terminó en la habitación de un hotel. Allí a ambos les dieron «las diez y las once, las doce y la una / y las dos y las tres / y desnudos al amanecer nos encontró la luna».

Lo de Sabina empezó y terminó en una noche idílica, sin más. Lo de Víctor Manuel y Ana Belén, una relación que dura hasta día de hoy. Ninguno es gallego, vale. Pero su amor nació en A Coruña. Corría 1971 y Víctor Manuel tocaba con Julio Iglesias. Por la tarde el empresario Nonito Pereira le había presentado a la que iba a ser su pareja. Actuaba en el Teatro Colón. Tras el concierto quedaron para salir de copas y conocer la ciudad. El final es de sobra sabido por todos: lo que conocieron fue el amor.

No llegaron a casarse nunca. Sí lo hicieron Raquel del Rosario y Vega. Y las dos con gallegos. La cantante del Sueño de Morfeo contrajo matrimonio con Pedro Castro en el 2013. Ya tienen un crío. Por su parte Vega, protagonizó una de las bodas del año, al casarse en la Ribeira Sacra con Jose María Rivera, uno de los dueños de la cervecera Estrella Galicia. Seguramente por sus canciones se encuentren guiños a esas relaciones escondidos entre las metáforas.

Y si no aparecen en sus composiciones, algunos lo hacen en titulares. En el 2007 Alejandro Sanz ponía en bandeja este titular a Nacho Mirás en las páginas de La Voz: «A los 14 años huí a Foz detrás de una chica que no me hizo ni caso». La cosa casi acaba mal. El cantante cantaba en bares a cambio de comida. Por las noches acampaba para hacer guardia por la chavala. La Guardia Civil lo tuvo que retirar de allí.

El trabajo de cupido no se limita solo al ámbito nacional. El músico británico Mike Oldfield mantuvo en los primeros noventa una relación con una coruñesa emigrada a Londres. De hecho, fue a través de ella como terminó actuando en A Coruña y haciendo migas con los integrantes Luar na Lubre. Llegaría a tocar con ellos.

Más intenso y peculiar resultó lo de Kevin Weatherhill, vocalista de Inmaculate Fools. De gira, conoció a una chica en Guitiriz. Quedó tan prendado que se trasladó al municipio lugués a vivir con ella. También echó raíces el amor de la mexicana Julieta Venegas por Carlos Mariño, el conocido mánager con el que mantuvo una relación sentimental durante años.

No ocurrió así con Bobby Farrell, el mítico vocalista de Boney M. Debido a sus constantes visitas a Galicia, donde era un clásico en el programa Luar, se corrió un rumor. Este apelaba a una supuesta historia de amor con una gallega, que el propio cantante desmintió en varias ocasiones.

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