El nacimiento del bebé real mantiene en guardia a familia, hospital, policía y periodistas
16 jul 2013 . Actualizado a las 14:18 h.Marcus Setchell, ginecólogo de Catalina de Cambridge, ha dejado de beber alcohol. Esa es sin duda la señal más clara de que el nacimiento del que será el tercero en la línea de sucesión al trono británico -sea niño o niña, eso está casi arreglado- es inminente, pero también indica que no está programado. Y el equipo médico no es el único que está listo para semejante acontecimiento: delante del hospital St. Mary?s de Paddington hay un estrado para los fotógrafos, que hacen guardia veinticuatro horas al día y que sabrán que la cuenta atrás habrá comenzado cuando un policía se instale en la puerta del centro sanitario.
Tal vez los paparazi no vean a la joven madre, porque la duquesa de Cambridge, que se supone salió de cuentas este domingo, podrá entrar por alguna de las tres puertas laterales de la clínica para acudir directamente al ala Lindo, donde en 1982 nació su marido, el príncipe Guillermo. El parto tendrá lugar en alguno de los seis paritorios que la elegante clínica tiene en el tercer piso.
Pero volvamos al médico. Setchell no está de guardia al modo tradicional. Tiene un teléfono móvil codificado con línea directa con el secretario de los duques, Jamie Lowther-Pinkerton, y un BMW (plateado) a su disposición. Si tiene que llegar rápido a Paddington, lo hará sin problemas porque lleva una sirena para hacerse sitio entre el tráfico y, si es necesario, contará con escolta policial.
Tanta preparación y cautela permite a los verdaderos protagonistas de la historia, Guillermo y Catalina, estar relativamente tranquilos. Aunque no se ha confirmado, probablemente la duquesa pasó el fin de semana en casa de sus padres, en Bucklebury (Berkshire), a una hora de Londres, mientras su marido se dejó ver en dos torneos benéficos de polo como si nada pasase. Cuando llegue el momento y si hay prisa, aunque en estos casos siempre la hay, todo está listo para que los semáforos de la City vayan poniéndose en verde al paso del futuro príncipe o princesa.
Porque igual que su madre es «solo» duquesa, el nasciturus tendrá título principesco en cuanto asome la cabeza: «El hijo de la pareja será oficialmente conocido como Su Alteza Real el príncipe o la princesa [nombre] de Cambridge», anunció hace unos días Buckingham.
Lo del nombre está bien que lo dejen en blanco porque al parecer los padres aún no se han decidido. Ellos dicen que no quieren saber el sexo del bebé hasta el nacimiento, aunque hacia la mitad del embarazo a Catalina se le escapó un «my d...» que bien podría ser de daughter (hija, frente a son, que significa hijo). Tampoco, dicen, saben qué nombre le pondrán. Las apuestas son Alejandra, Carlota, Isabel y Diana si es niña y Jorge, Jaime, Eduardo y Carlos (Beckham propuso ayer David) si es niño. Quitando el familiar Diana, el resto son nombres de los Windsor. Aunque tal vez se decidan por Carole, como la abuela materna, que manda mucho, aunque no tanto como para estar en el paritorio, como inicialmente se dijo.
La que mantiene una actitud más prudente es la madrastra de Guillermo. La duquesa de Cornualles confesó lo que se siente estos días en Clarence House, la residencia del príncipe de Gales: «Estamos muy emocionados. Lo esperamos inmensamente y estamos pendientes de que suene el teléfono».