Isabella Thawana, Sarah Loggia y Sara Núñez son los nombres propios de una generación que viene pisando fuerte
19 may 2013 . Actualizado a las 18:39 h.Hace unos días se celebró en el centro comercial Marineda City un casting de modelos para una de las más conocidas agencias en este asunto de buscar bellezas. Sorprendió el alto nivel de las aspirantes comparado con los últimos certámenes de belleza del tipo miss, que ahora ya ni existen, y al que se presentaba mucha gente cargada de ilusión, pero que no daba la talla. De entre los nueve seleccionados (siete chicas y dos chicos) que acceden a la final de Madrid me llamó la atención una de nombre Isabella Thawana, a quien, con buen criterio, conocen como Bella. «Me siento gallega», comenta esta joven de 20 años que tan solo lleva uno viviendo en Pontevedra... por amor. «Nací en Brasil, viví diez años en Madrid y me enamoré y me vine a vivir aquí. Mi pareja es surfista y tiene una escuela de surf», relata. Se enteró de la convocatoria y no lo dudó. «Es la primera vez que me presentaba a una prueba así. Para mí es un sueño porque desde pequeña quiero ser modelo. Es algo enorme, mi pasión», comenta. Dice que Pontevedra «es un paraíso», pero asume que «es complicado abrirse camino desde aquí».
Recogepelotas
Tiene razón Bella, hay pocas oportunidades en Galicia en el sector de la imagen y las que destacan optan por hacer las maletas. Es el caso de Sarah Loggia, de apellidos reales López Bujía, de madre de Pontedeume y que vivió en Santiago. Desde que se instaló en Madrid la joven no para. Sesiones de fotos, castings, desfiles... El verano pasado les hablaba de ella porque trabajó como azafata en la Vuelta Ciclista a España. Hoy les ofrezco una imagen de Sarah como recogepelotas del Másters 1000 de Tenis de Madrid. «Fue una experiencia muy buena, de hecho renuncié a un par de desfiles porque me apetece probar un poco de todo», destaca Sarah. Y la última integrante de la cantera gallega de modelos es la vecina de Padrón Sara Núñez, de 20 años. Esta semana se convirtió en la protagonista de una sesión de fotos para la revista Galicia de Moda.
Tiempos de blanco
Al asomarse a la ventana no lo parece, pero el calendario indica que el verano está a la vuelta de la esquina. Hay otros indicadores de la proximidad del estío, por ejemplo el vino blanco. Esta semana acudí a la presentación del primer albariño en la larga historia de bodegas Torres. Se llama Pazo das Bruxas y lo caté en la taberna O Secreto, de A Coruña. Para la etiqueta y el nombre se decantaron por un modelo clásico, todo lo contrario que Ramón Blanco, que desde la bodega Castro Brey de Vila de Cruces produce uno de los pocos albariños de la subzona del Ulla de la denominación de origen Rías Baixas. Lo bautizó con un nombre que me encanta, Sin Palabras. «Nos inspiró la máquina de escribir Underwood que el abuelo de mi mujer, José Castro Brey, utilizaba para las facturas», comenta Ramón, que, ya puestos a ser original, sacó al mercado 42 botellas de cinco litros. Una de ellas la catamos un grupo de privilegiados en el bar Casa Ponte. «Nos decidimos porque esta cosecha es la más galardonada de nuestra historia y además hay pocos blancos que utilicen este formato. Las botellas vienen de Trento, Italia. Lo curioso es que nos compró diez (en total, 50 litros) un particular que vive en Cataluña», apunta. Sin palabras. Y en plena eclosión de blancos, Gadisa me invita a una cata de los vinos de Roberto Verino. Moda y vino de la mano, como hoy en esta página.