Eso se preguntan muchos estadounidenses, absolutamente sorprendidos por las cada vez más frecuentes y nada convencionales apariciones de la primera dama
14 mar 2013 . Actualizado a las 23:02 h.Lo primero de todo fue el flequillo, ese flequillo que ha hecho correr ríos de tinta y que lució un día antes de que su marido jurara como presidente para un segundo mandato en la escalinata del Capitolio de Washington. Ella aseguró que el cambio de look solo había sido fruto de «la crisis de los cincuenta». Pero lo cierto es que ese corte de pelo solo fue el inicio de todo. Desde entonces Michelle Obama ha hecho otras cosas, y ya no relacionadas con su aspecto personal, que tienen anonadados a los estadounidenses. Su aparición con vestido de noche plagado de lentejuelas para leer el nombre de la ganadora del Óscar a la mejor película fue la primera de ellas. Michelle Obama se convirtió entonces en la estrella de la noche.
Algo nada sencillo en un escenario que si tenía algo era, precisamente, estrellas. Pero Michelle Obama es aún más popular que los actores y actrices más famosos de Hollywood, lo es mucho más que su marido e incluso lo es más que Hillary Clinton, que tiene la cota de aceptación más alta de todos los políticos estadounidenses. Además, Michelle Obama es fotogénica, los que han coincidido con ella en platós de televisión no se cansan de asegurar que la cámara «se enamora de ella». Y, por si fuera poco, tiene sentido del humor. No hay más que ver su reciente aparición en el show televisivo de Jimmy Fallon, en el que ambos interpretaron la «evolución del baile de las mamás». El vídeo de ese sketch se convirtió inmediatamente en viral y lo han visto en YouTube millones de personas. La participación de la primera dama estadounidense en esos espectáculos la ha situado en primer plano de actualidad. Muchos han descubierto en las últimas semanas a una nueva Michelle Obama.
Y otros, casi siempre analistas conservadores, la han criticado ferozmente. Ella ha respondido a las críticas con una sonrisa y afirmando: «No me han sorprendido, las esperaba». Y a la vez, Michelle Obama aseguraba que nada la va a detener a la hora de lanzar los mensajes que cree que tiene que mandar a los ciudadanos. Hasta ahora se ha centrado en dos campañas, una para mejorar la alimentación de los niños y otra para apoyar a las familias de los soldados. También acaba de declarar que está buscando algún nuevo objetivo para defender y sumarlo a estas dos.
Más libertad
Y parece que lo va a hacer como en estas últimas semanas, siendo mucho más ella misma y menos esa perfecta primera dama que no quería molestar a nadie que fue durante el primer mandato de su marido. Como explicaba estos días la jefa de personal de Laura Bush: «Todo lo que aprendieron durante el primer mandato pueden utilizarlo ahora y además, en el segundo, tienen mucha más libertad de actuación». Una libertad que se basa en que sus maridos ya no se enfrentan a la reelección. Una libertad que parece que Michelle Obama ha decidido aprovechar al máximo. Porque lo que ha demostrado en estos últimos días es que a ella nadie, ni siquiera su marido, le dice ahora lo que tiene que hacer.