El convoy histórico recorre la vía cantábrica con rutas de lujo que parten de Santiago
09 nov 2025 . Actualizado a las 14:26 h.Viajar en el tiempo es toda una quimera y hacerlo con tiempo, también, pero acercarse a estos sueños es posible gracias al tren, un símbolo del progreso del que enseguida se adueñó el lujo con recorridos míticos inmortalizados por la literatura y el cine.
Para convertirlos en realidad no hace falta emular ni a Ágata Christie ni a Alfred Hitchcock, porque Santiago es origen y destino de rutas ferroviarias históricas como el Costa Verde Express y su aventajado hermano, el Transcantábrico Gran Lujo.
Ambos trenes terminan este mes la temporada con recorridos más cortos, pero con la misma esencia: un viaje con todo incluido, lujo en cada detalle, atención personalizada, gastronomía de primer nivel y visitas turísticas guiadas y mimadas.
Este convoy histórico Express de Renfe despidió el 2025 con una ruta entre Compostela y Oviedo. Tres días y dos noches para recorrer la costa gallega más desconocida y parte de la asturiana en un tren antiguo y redecorado con un lujoso diseño que traquetea por poco más de trescientos kilómetros de vía estrecha.
El Costa Verde Express supera los doscientos metros de largo, ya que cuenta con tres coches restaurante, varios vagones con cuatro suites para viajeros en cada uno de ellos (todas con cama de 135 centímetros y baño completo), una cocina equipadísima al milímetro, un coche acondicionado como pub y otro vagón para la tripulación, que hace el recorrido a bordo.
Madera por doquier, antiguos letreros que homenajean a compañías y constructoras ferroviarias de la España industrial y de Rusia decoran el tren junto a lámparas de cálida luz e inspiración art déco. Todo armoniza con una más que aceptable cobertura de internet que permite trabajar con amplitud en las mesas que al desayuno y a la cena se convierten en las protagonistas de una de las guindas del viaje: la gastronomía, con menús que están a la altura y que incluso superan a las comidas en restaurantes externos, seleccionados por su calidad y por su ubicación en plena ruta turística.
La mejor forma de iniciar un viaje de lujo desde Santiago es hacerlo, comida y ruta turística incluidas, desde el Hostal de los Reyes Católicos, que acogió en uno de sus salones el acto de recepción del grupo que apostó por disfrutar de un tren turístico de primer nivel, un tipo de viaje que no se parece a ningún otro.
La magia de la tradición tiene en este caso un leve inconveniente, ya que el tren parte de Ferrol y la opción más adecuada para acercarse a la ciudad naval desde Santiago es por carretera. Un autobús con todas las comodidades y salida desde la plaza del Obradoiro es la mejor solución. La llegada al tren se acompaña con una copa de bienvenida e información de todo cuanto ofrece el Costa Verde Express, que ya traquetea en dirección a Viveiro, donde aguarda una visita turística al anochecer antes de la primera exquisitez gastronómica, un menú que se inspira en platos tradicionales de los fogones y los viñedos de Galicia.
El tren duerme en Viveiro para que el vaivén que conlleva viajar por vía estrecha en un convoy histórico no perturbe el sueño hasta las 8 horas del día siguiente, cuando una campana rompe el silencio para anunciar un copioso y variado desayuno, preludio de una jornada con visita a la playa de As Catedrais y al mirador de O Cargadeiro. El día sigue en Ribadeo, con tiempo libre para pasear y encontrar la que sin duda es una de las tiendas de Sargadelos con más diseños, incluidas antiguas piezas que también viajan en el tiempo
Tras Ribadeo, el tren se adentra en la Costa Verde asturiana que da nombre al convoy. El cambio de comunidad se percibe en el vagón restaurante, con la cena que sirve al llegar a Cudillero tras visitar Luarca. En el tren espera un menú que permite maridar quesos asturianos con un blanco también astur y carne ecológica de producción compartida con Galicia, y la reina, la «tarta Asturias», de una repostería, Cabo Busto, que bien puede ser el símbolo del viaje: calidad y cercanía, la misma con la que llega la despedida en la estación de tren de Oviedo, donde aguarda la última visita guiada.
«Fue algo muy especial. Me va a ser muy difícil superar este recuerdo»
Todos los pasajeros destacan la calidad de los menús y la belleza del itinerario
Pocas cosas son tan evocadoras como un pausado viaje en tren. Y si el recorrido se disfruta en un antiguo vagón de lujo por una costa como la cantábrica, la huella de la experiencia rara vez se diluye. Por eso, el Costa Verde Express está lleno historias para el recuerdo. En el último trayecto de esta temporada disfrutaron del recorrido once personas, protagonistas del cierre de temporada de este convoy, en el que hasta la lluvia fue comedida y los paraguas, que aguardaban en el bus habilitado para las visitas turísticas y para pequeños recorridos, apenas tuvieron faena.
Con un público habitualmente extranjero y de alto poder adquisitivo, el viaje entre Santiago y Oviedo fue una excepción y todo el grupo, salvo una periodista danesa, lo formaban viajeros nacionales, en la mayoría de los casos con una estrecha y morriñenta relación con el tren, y también con la costa visitada.
Carmen Gutiérrez y Andreu Canet disfrutaron del recorrido incorporando una noche extra en Santiago y otra en Oviedo. El viaje fue un regalo de su familia por sus bodas de oro. «La experiencia está siendo buenísima, este es un viaje muy diferente a los que hemos hecho hasta ahora», relata esta mujer que celebrará el año nuevo en Viena, por supuesto con su marido, jubilado y amante de los trenes, que colecciona desde hace décadas. «Tengo 120 máquinas y 40 composiciones», echa cuentas. Para él, los recuerdos son dobles, ya que por trabajo hacía el mismo recorrido que el Costa Verde, «que es una ruta muy bonita». Y como su abuelo era jefe de estación: «Me llevaba de la mano a la estación y tengo recuerdos del olor a carbón, de las locomotoras de humo y de los hombres con gorra revisando las ruedas del tren», recuerda.
Cincuenta es el número mágico del último viaje de la temporada, porque también son los años que cumplió Lola Rivas. Monfortina afincada en Barcelona y de familia ferroviaria, su vida está llena de plantones a su marido por miedo al avión o a subirse a un barco en un día un poco ventoso. Para ella, el tren es todo lo contrario, recuerdos y un sueño, viajar en el Orient Express. Su marido, Marcelo Tello, pudo acariciar su deseo y le regaló por su cumpleaños el Costa Verde, del que les cuesta despedirse: «Este es un viaje muy especial, me va a resultar muy difícil superar este recuerdo de compartir unos días a todo tren con la persona que quieres», resume Lola dando en el clavo.
Asun Liébana viajó con su marido, Jesús de Arriba, desde Bilbao para celebrar su reciente jubilación. En su caso, el Costa Verde fue un regalo de sus tres hijos. Ambos lo disfrutaron «encantados, por esta sensación de tranquilidad y de que están pendientes de ti en cada momento», resume Asun, deseando repetir.
Estas valoraciones son las que reconfortan a la tripulación de un viaje como este, ya que la plantilla hace todo el recorrido alojada en un vagón del tren y está disponible en todo momento para lo que el pasaje necesite.
Para generar estos recuerdos imborrables es necesario mucho trabajo y profesionalidad para que todo esté impecable, sobre todo en los fogones y a la hora de servir los selectos menús. De la primera parte se encargan Nerea Fernández, jefa de cocina, y el cocinero Juan Sánchez. Elena Pérez Fernández, como jefa de sala, es la responsable de presentar cada plato y explicar el porqué de la elección, vinos incluidos.
Mientras los viajeros disfrutan, el personal no para, y en cocina reciben los productos, todos de cercanía, o se acercan a puntos de venta seleccionados. «El cliente siempre nos suele comentar que se come mucho mejor a bordo que en restaurantes externos y, la verdad, esto nos enorgullece mucho porque tenemos condiciones mucho más difíciles», resume Elena mientras Nerea y Juan respiran tranquilos tras concluir la cena del último día y ver que los platos les llegan limpios. Nerea Fernández, con doble titulación en cocina, suma su tercera temporada sobre raíles tras años de exigente experiencia trabajando en restaurantes de dos estrellas Michelín. Juan Sánchez se hizo cocinero a base de práctica y ante la experiencia casi parece un viajero: «Se vive muy bien, trabajar con movimiento parece mucho más difícil, pero te haces a ello».