
Santiago Rey Fernández-Latorre ya iba con 7 años a la redacción a aprender a corregir
14 nov 2024 . Actualizado a las 20:35 h.El ruido de la rotativa es el latido del periódico, da la importancia de cada noticia, de cada persona a la que llega. El ruido de la rotativa marca el ritmo de los días, no se olvida, como el olor de la tinta. «Es un olor que impregna, es un perfume que llevas dentro, sin el cual no puedes vivir». Así lo sentía Santiago Rey Fernández-Latorre, que nació encima de una rotativa y a los 7 años iba ya a la redacción a aprender a corregir. Letra a letra, el aprendiz creció a maestro de periodistas, advirtiendo que no hay arte más noble en el mundo que el del periodismo. El periodismo entendido como el oficio de comprimir la realidad del mundo, de Galicia, día a día, en una rotativa. El periodismo como oficio independiente que, a veces, se debe afrontar «perdiendo parte de tu personalidad». Esta es la condición, pensaba el editor de La Voz, de ser periodista.
Conciencia crítica del poder, punto de encuentro, plaza para los vecinos. A ello consagró su vida entera de periodista el autor de Yo protesto, valiente análisis social en defensa de los intereses de Galicia.
Heredero orgulloso de la genialidad de su abuelo, Juan Fernández Latorre, el fundador del periódico, Santiago Rey firmó con bizarría seis décadas de esplendor de La Voz: potenció la gestación de la autonomía, refundó la Biblioteca Gallega, que había creado su abuelo, logró que esta Voz creciese y vertebrase Galicia poniendo en marcha 13 ediciones locales e impulsó la entrada en el futuro digital.
Santiago Rey celebró los 140 años del periódico al que dio su vida. Y al cumplir él los 80 recibió el cariño de su gente, de sus trabajadores, que nunca olvidarán su compromiso con la tinta.