Los concellos buscan como hacer frente a un fenómeno que no da tregua
24 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Las pintadas callejeras son un problema creciente del que pocas localidades gallegas se libran. Solo el año pasado, el Concello de Santiago gastó 23.293 euros en eliminar pintadas en edificios o espacios de titularidad pública, un coste inferior al destinado durante el pasado 2019, cuando la factura sumó 25.553 euros. En el 2020 se borraron 1.165 grafitis, tarea a la que la empresa de limpieza Urbaser dedicó 239,2 horas, lo que representa una media de doce minutos por cada pintada. Aunque desde el consistorio compostelano se viene haciendo desde hace años un esfuerzo por eliminar con cierta celeridad las pintadas realizadas en espacios públicos, los particulares no son tan rápidos. En el casco histórico hay muchas casas abandonadas o ruinosas con puertas, contraventanas y cristales pintarrajeadas. En el resto de la ciudad, las puertas de los garajes son el blanco principal de los grafiteros. Las autoridades locales tienen serias dificultades para sancionar a los autores, ya que hay que pillarlos in fraganti.
En detectar a los autores se ha puesto el foco precisamente en A Coruña. Allí, la concejalía de Medio Ambiente volvió a contratar a una empresa de peritos para facilitar su persecución. La colaboración con esos especialistas había arrancado a finales del 2018. Entonces fueron claves para denunciar a los nueve vándalos más activos de la ciudad. Algunos de ellos fueron denunciados por la Fiscalía, y otros se enfrentan a multas de hasta 1.500 euros y la obligación de reparar los daños causados. Actualmente, se está tramitando una modificación en las ordenanzas municipales para que los autores de pintadas en fachadas privadas deban pagar la limpieza. En el 2019, el Ayuntamiento coruñés tuvo que pagar la eliminación de 1.145 pintadas en la ciudad. El contrato de limpieza viaria adjudicado a una UTE formada por las empresas FCC e Ingeser Atlántica y dotado con 14,4 millones de euros al año incluye la limpieza de las pintadas callejeras. Además, se aprobó una modificación de la ordenanza municipal de gestión de residuos municipales y limpieza viaria que permitirá al gobierno local eliminar los grafitis en espacios privados a través del nuevo contrato de este servicio, que entró en vigor en octubre.
En Lugo las pintadas son muy frecuentes en el entorno de los institutos de la ciudad, pero también en algunas calles del casco histórico, como Nóreas o Catedral, en zonas como Fontiñas y Paxariños, o en los alrededores del Pazo de Congresos. El Concello tiene implantado un servicio gratuito de limpieza de fachadas desde el año 2002. Sus operarios realizan primero una inspección valorando el tipo de construcción afectada y el material empleado en el acto vandálico. Para proceder a la limpieza sin causar daños en el inmueble, necesitan como mínimo una hora de trabajo para una superficie de dos metros cuadrados, «siendo a veces difícil conseguir igualar el color y eliminar definitivamente las tintas o productos químicos empleados», explica el edil de Medio Ambiente, Álvaro Santos. Para solicitar el servicio es necesario cubrir el impreso que figura en la página web del ayuntamiento (http://concellodelugo.gal/gl/tramites/limpeza-de-fachadas) y aportar documentación acreditativa de la propiedad o representación de la comunidad de propietarias y propietarios del edificio.
En Pontevedra, el centro histórico de la ciudad es una de las zonas más afectadas. El Concello no tiene un plan específico contra las pintadas, más allá de la vigilancia policial y la imposición de multas, aunque son conscientes de la dificultad de atrapar in fraganti a los autores. En los últimos tiempos han optado por combatir estas pinturas con arte, impulsando desde el Concello la decoración de fachadas y medianeras contratando a colectivos o artistas para que elaboren murales. Así, recientemente se contrató al artista Yoseba MP para elaborar un mural en una medianera junto al estadio de Pasarón; o al colectivo Polo Correo do Vento para crear un mural dedicado a Mulleres de Pontevedra na historia, en una fachada en la calle Joaquín Costa.
Pero no solo las ciudades padecen los grafitis. En la comarca do Barbanza, por ejemplo, hay diversos puntos negros, como la plaza de Os Mariñeiros de Ribeira, donde se agrupan varios edificios públicos cuyas paredes sirven de lienzo a los vándalos, o las instalaciones del párking de A Boqueira de A Negral en Boiro, así como en las edificaciones que lindan con el estuario del río Coroño que aparecen con frecuencia cubiertas de pintadas. Los actos de vandalismo suelen concentrarse en aquellas zonas elegidas por pandillas de jóvenes para pasar sus horas de ocio.
Con información de S. Barral, M. Mosteiro, E. Silveira, S. Varela y M. J. Blanco.