Tragedia en la AP-9: Por qué los volantazos tienen un riesgo máximo

En carretera es básica la anticipación. Las maniobras bruscas e imprevistas pueden dar lugar a accidentes graves como el ocurrido el sábado en un peaje de la autopista


Redacción / La Voz

Si todos los accidentes de tráfico quedasen grabados, como ocurrió en el caso del peaje de la AP-9 en Guísamo (Bergondo), seguramente se comprobaría cómo en muchos de los casos el conductor hace una maniobra brusca previa, probablemente un volantazo, para evitar un obstáculo o para rectificar una trayectoria errónea. Los especialistas en investigación de accidentes saben que un movimiento brusco puede llegar a desestabilizar un vehículo o a hacer que el conductor pierda el dominio sobre el volante y sobre los mandos del vehículo. Lo que pase a partir de ese momento ya es imprevisible. 

En la grabación del accidente del peaje de la AP-9 se observa cómo el conductor del Renault Kadjar toma, en solo cinco segundos, dos decisiones contradictorias. La primera es un giro a la izquierda para enfilar los carriles de telepeaje de Lugo-Santiago-Arteixo. La segunda y última es una rectificación de la trayectoria con un volantazo brusco a la derecha, hacia el enlace de A Coruña, que le hace perder el control del coche y termina impactando contra el muro de protección de la cabina de pago de la autopista.

La irrupción de animales en la calzada, como por ejemplo, jabalíes, puede ser uno de los motivos más frecuentes de volantazos. Los accidentes más graves en esos casos se desencadenan cuando el conductor efectúa una maniobra para intentar esquivar al animal y hace un giro brusco. Dependiendo de la velocidad a que la se circule, esa acción puede ser fatal y hacer que el coche termine saliéndose de la carretera o volcando. Por eso, los expertos aseguran que en ese tipo de casos es preferible mantener la trayectoria y arrollar al animal antes que pegar un volantazo que puede tener consecuencias más graves. 

En un accidente, la Dirección General de Tráfico identifica tres fases, la de percepción, la de decisión y la de conflicto. En la primera, el conductor debería darse cuenta de que hay una circunstancia anormal que puede terminar en un siniestro. Es un momento de suma importancia porque esa percepción del riesgo inmediato marcará lo que suceda a partir de entonces. En la investigación de siniestros, la fase percepción se considera clave para establecer cuál es el índice de atención del conductor cuando surge el imprevisto.

En la fase de decisión, el conductor reacciona y elige el tipo de maniobra para afrontar el riesgo. Puede ser un frenazo, un volantazo o cualquier otra acción evasiva, que en ocasiones puede significar la opción por un accidente menor, como sucedería en el caso del atropello de un animal. Todo termina cuando se llega a la fase de conflicto, en la que se consuma el siniestro.

En los cursos de conducción segura que se promueven desde distintos ámbitos se aprenden técnicas evasivas que todo conductor debería conocer para saber cómo afrontar situaciones de riesgo e imprevistos en la carretera. Además de la formación teórica, en ese tipo de cursos se realizan ejercicios al volante para que los alumnos sepan desenvolverse con acierto en situaciones de riesgo. El eslalon o conducción en zigzag a una determinada velocidad es una de las maniobras que se entrenan, con el objetivo de familiarizar al conductor con ese tipo de giros bruscos sin perder el control del coche. En todo caso, la primera recomendación es la anticipación, precisamente para evitar tener que tomar decisiones.

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