Miguel Arbe: «No tiro botellas al aire»

El barman coruñés dice que no echa de menos el glamur de Londres y que, aunque aprecia un buen cóctel, lo que le gusta es la cerveza.


Hay algo especial en la figura del barman: una especie de brujo que fabrica pócimas para sentirse mejor; algo que Miguel Arbe (A Coruña, 1977) se toma muy en serio. Me invita a tomar un agua en su coqueto local de A Coruña (Bordello lencería) para charlar de su experiencia londinense y de la magia que despliega desde su coctelera.

-¿Cómo se metió en esto?

-Digamos que fue un cambio de vida. Estudiaba informática y hacía algún pinito en la barra. Estuve cinco años delante de un ordenador hasta que me di cuenta de que no quería hacer eso. Pensé que solo tenía 25 años y que quería ver algo más del mundo. Me fui a Londres, allí me puse otra vez detrás de una barra y me picó el gusanillo de los cócteles.

-Autodidacta.

-Sí. Una de las cosas buenas de Inglaterra es que si tu vales y pones interés, tienes las puertas abiertas. El límite lo pones tú.

-Eso es el sueño americano.

-Aquí empiezas de camarero y acabas de camarero. Allí sí vales, tienes oportunidades.

-También estuvo en Dubái.

-Sí, un año. Fue después de estar la primera vez en Londres.

-Cócteles en un país musulmán.

-Sí, siempre me preguntan por eso. Pero hay cosas que pasan por delante y otras por detrás. Me recordaba un poco las películas del Oeste en las que ves un pueblo enorme pero por detrás es todo cartón.

-En Londres le ha puesto copas a famosos, dígame alguno.

-En el último sitio en el que estuve, uno de los habituales era Ralph Fiennes. También Robert Pattinson. Si quiere una anécdota curiosa, recuerdo una vez que estaba en el local Zoe Kravitz y aparece uno que dice: «Vengo a buscar a mi hija». Y era Lenny, claro, ja, ja.

-Tendrá muchas de esas...

-Cuando viene esta gente vienen a hacer vida normal, a que los traten con normalidad. Como gerente, una de las cosas más duras era que mis empleados no atosigaran ni pidieran fotos a estos famosos.

-¿Y usted?

-Yo nunca me he sacado una foto con nadie. Sí puedo decir que una actriz de una serie de televisión que yo seguía me dijo una vez: «Bueno, ahora que ya estoy muerta en la serie...». Un spoiler como una casa, ja, ja.

-No sería de «Juego de Tronos».

-No, era de The Walking dead. Aunque alguno de los de Juego de Tronos también pasaba por allí.

-¿Y no echa de menos todo ese glamur, ese famoseo...?

-Nah. Echo de menos algunas cosas de Londres, pero también se soporta mucho estrés.

-Su local simula una tienda de lencería.

-Es un speak easy, un bar secreto. Son unos bares que aparecen durante la ley seca pero, en el momento que lo dices, ya deja de serlo.

-¿Un cóctel es la mejor manera de seducir?

-Con un cóctel sorprendes más, porque te lo pueden hacer a medida. Aquí, lo que más escucho es: «Ponme lo que quieras».

-Ve al cliente y ya intuye lo que le va a gustar.

-Necesito un par de pistas, pero sí. También le digo que, si no le gusta, que me lo diga. Aquí no obligamos a nadie, ja, ja.

-Lo que no se podrá pedir es un gin-tonic...

-También. Aquí se viene a estar a gusto. Lo que no me gusta es jugar al juego de a ver quién le echa más cosas al gin-tonic. Repito, se viene a estar a gusto.

-¿Qué le pondría a Pedro Sánchez?

-Un sol y sombra. Necesita soltarse algo. Tiene una parte de sol y otra de sombra.

-¿Y a Feijoo?

-Un Collins de eucalipto. Para que se acuerde de lo que hay en los bosques.

-Lo de «agitado no revuelto», se lo habrán pedido muchas veces.

-Muchas. Pero un dry martini es una bomba.

-Y esa imagen del cliente con dos copas dando la chapa...

-No hace ni dos semanas, que vino uno por aquí dos días seguidos. Pero aquí somos como un confesionario. Tenemos secreto profesional. Hay gente que viene a ver como trabajas. El barman es un oficiador.

-No quería preguntarle por eso, pero ya que lo menciona...

-¡Tom Cruise! No, esa rama no la toco. Cada uno tiene un fluir, pero no lanzo botellas al aire.

-Los buenos «dealers» no prueban las drogas...

-Yo bebo algo, pero intento no hacerlo mientras trabajo. Mi droga son las cervezas.

-Deme una receta fácil.

-Un Negroni: mismas proporciones de ginebra, vermú rojo y Campari. Sobre hielo y con un amonda de naranja. Es muy amargo.

-Pronuncie cuatro palabras que lo definan.

-Solo tres: serio, meticuloso, profesional.

-Un lugar favorito.

-Una playa. Cualquiera. Me gusta estar cerca del mar.

-Una canción.

-Una que bailé mucho: Cigarretes and alcohol, de Oasis.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Vivir el momento.

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