Comité científico y Xunta, dos posturas irreconciliables sobre los eucaliptos

En el pleito sobre el eventual carácter invasor de esta especie arbórea se evidencia la falta de un consenso mínimo sobre sus verdaderos efectos


redacción / la voz

El comité científico de flora y fauna del entonces Ministerio de Medio Ambiente elaboró a finales del 2017 un dictamen en el que apostaban por incluir todas las subespecies de eucaliptos en el catálogo de especies exóticas invasoras, un criterio que la cúpula del ministerio finalmente no tuvo en cuenta apoyándose en argumentos más socioeconómicos que biológicos.

El Concello de Teo, solicitante del dictamen, recurrió la decisión por la vía contencioso-administrativa, al considerar que se desvirtuó la relevancia de la opinión de los expertos. La Xunta, como parte afectada por una eventual decisión judicial, se personó en el pleito para contrarrestar los argumentos del comité científico -recurriendo en ocasiones a estudios de otros expertos- y defender que el eucalipto no es una especie invasora y sí un cultivo crucial para las rentas rurales en Galicia. Este es un repaso a estas dos posturas irreconciliables sobre el mismo árbol ante una inclusión que podría conllevar el destierro forestal de esta especie.

¿Es una especie invasora o no lo es?

Una especie se considera que es invasora cuando tiene cierta facilidad para colonizar espacios más o menos naturales de carácter autóctono y supone una amenaza grave para las especies endémicas.

El dictamen científico: para los asesores del ministerio, que suscribieron por unanimidad el diagnóstico, las distintas especies de eucalipto tienen una gran capacidad de colonizar espacios abiertos, «especialmente en escenarios postincendio forestal» y refieren investigaciones científicas realizadas en Galicia en las que se demostró esta capacidad colonizadora. «En Portugal se ha documentado un caso de dispersión de esta especie más allá de cien metros del lugar de plantación», alegan, así como un «incremento» del área ocupada por la especie de 4 a 64 hectáreas en 23 años, según un estudio científico de seguimiento. Se trata, en definitiva, de una especie «transformadora del medio por los impactos causados en la composición y diversidad de las especies nativas».

El informe de la Xunta: el dosier aportado en el pleito del eucalipto por la Consellería de Medio Rural es diametralmente opuesto a estas tesis. De acuerdo con un artículo científico australiano -país donde este árbol es un símbolo nacional y hay más de 600 especies-, la capacidad invasiva de estos árboles es «rara», pues en ese estudio el 98 % de las plántulas -brotes jóvenes- se encontraron a 10 metros de la plantación.

En otra investigación se limitó a 15 metros fuera de su entorno originario. La dispersión de sus semillas, aducen, «se limitan a 10-15 metros desde el borde de una plantación». El aprovechamiento intensivo de esta especie, con cortas cada 10 o 15 años, dificultaría también la producción y dispersión de las semillas.

¿Aumentan el riesgo de incendios?

Existe una permanente controversia científica sobre la relación de los eucaliptos con los incendios forestales. Estos son los argumentos de los asesores científicos ministeriales y de la Xunta.

El dictamen científico: para estos expertos, los eucaliptales tienen «elevada susceptibilidad a arder», lo que podría explicarse por la acumulación de hojarasca en el sotobosque y la presencia de aceites inflamables que aumentan la carga combustible.

El informe de la Xunta: Medio Rural recuerda que la incidencia de los incendios sobre los eucaliptales se limita al 7,8 % y que la mayoría de las parroquias englobadas entre las de más actividad incendiaria no se caracterizan por tener grandes plantaciones de eucalipto. El 68 % de estas parroquias, recuerdan, están en la provincia de Ourense, donde apenas hay eucaliptales.

¿Influye su carácter pirófito en su extensión territorial?

Se trata de una pregunta que complementa a la anterior. El pirofitismo es la capacidad de ciertas especies de generar estrategias de supervivencia frente al fuego, regenerándose con facilidad o resistiendo al efecto de las llamas. Tanto los científicos que elaboraron el dictamen como la Xunta coinciden en que el eucalipto es pirófito, pero las diferencias estriban en si eso relanza su supuesto carácter invasivo.

El dictamen científico: para los que suscribieron su inclusión en el catálogo de especies invasoras, el eucalipto rebrota «con intensidad» tras los incendios «y presenta un profuso establecimiento de nuevos individuos». Entran en lo que denominan un «bucle de retroalimentación» que resulta «difícil de romper» y que se resumiría en que el eucalipto «favorece el fuego y este favorece al eucalipto sobre otras especies».

El informe de la Xunta: según el Gobierno gallego no hay que ligar el carácter pirófito de una especie con la condición de invasora. Esta supervivencia que presenta el eucalipto frente al fuego «no implica su dispersión fuera de los límites de la plantación».

¿Afectan a los bosques autóctonos?

Muy relacionado con el eventual carácter invasor del eucalipto está su afectación a los ecosistemas naturales en las zonas donde fue introducido. Pero tampoco en este punto parece que haya elementos de juicio comunes entre ambas posiciones.

El dictamen científico: el eucalipto tiene un efecto fragmentador en los ecosistemas naturales y los expertos del comité asesor ponen como ejemplo de constatación de esta premisa lo que sucede en el parque natural de las Fragas do Eume, con islas de eucaliptales en medio del bosque atlántico que llevan a la «pérdida de biodiversidad». En este parque se demostró que los eucaliptos alteran las propiedades del suelo. Se considera una especie «transformadora del medio», desplazando la flora y la fauna autóctona.

El informe de la Xunta: la Xunta recuerda que el eucalipto comenzó a plantearse en superficies que fueron deforestadas para la agricultura y la ganadería que, cuando dejaron de ser útiles para estos fines, «se constituyeron en explotaciones basadas en el cultivo del eucalipto». Es decir, no amenazan a los ecosistemas autóctonos, aduce Medio Rural, porque se instalaron en zonas donde ya habían desaparecido antes. La Xunta cita investigaciones que refieren que tanto bosques como pastizales «fueron muy resistentes al establecimiento de especies como el globulus, el más utilizado en la industria pastera». 

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