Trasladado a Pontevedra el Hannibal Lecter de las cárceles españolas

El preso mató a su novia y en la cárcel asesinó a un recluso y agredió a un funcionario


pontevedra / la voz

En su continuo traslado de prisión en prisión, uno de los reclusos más temidos y, a la vez, más vigilados de las prisiones españolas ha sido internado en la prisión de A Lama. Con dos asesinatos a sus espaldas, sobre el guineano Fabrizio João Silva Ribeiro se mantiene un protocolo igual de estricto que el que se aplicaba en el penal de Teixeiro.

Clasificado como de primer grado, al conocido como el Hannibal Lecter de las prisiones españolas se le está aplicando el artículo 93.1 del Reglamento Penitenciario. En este ámbito se inscriben aquellos presos que «hayan sido protagonistas o inductores de alteraciones del régimen muy graves», «que hayan puesto en peligro la vida o integridad de los funcionarios, autoridades, otros internos o personas ajenas a la institución, tanto dentro como fuera de los establecimientos» y que «evidencien una peligrosidad extrema».

Esto se traducía, en la prisión de Teixeiro (Curtis), en que Fabrizio salía «solo al patio» y pasaba 21 horas al día en un habitáculo «austero de diez metros cuadrados con muebles de escayola. Dentro, el convicto dispone de una cama, un plato de ducha, un váter, un pequeño escritorio, un armario para la ropa y un interfono para ponerse en contacto con el personal carcelario. Además de una puerta de plancha metálica, la seguridad exige una segunda», según recogió en su día el periodista de La Voz Alberto Mahía.

Veinticinco puñaladas

El guineano cumple más de 60 años de cárcel, 22 de los cuales se corresponden al salvaje asesinato de su novia en el 2006, a la que violó y asestó 25 puñaladas. El personal penitenciario sabe muy bien cómo se las gasta el guineano, quien en el 2014, durante su estancia en la cárcel de Córdoba, mató a puñetazos y patadas a otro recluso. Le cayeron 18 años y medio más.

Fue trasladado al penal gaditano Puerto III, donde, una vez más, volvería a dejar muestras de su ferocidad. Hace escasos meses, la Audiencia de Cádiz lo condenaba a 19 años y medio por agredir violentamente, en junio del 2016 -un decenio después del asesinato de su novia-, a varios funcionarios penitenciarios. A uno de ellos lo alcanzó con un pincho en la yugular. Los funcionarios que declararon como testigos en el juicio denunciaron la saturación del módulo de aislamiento.

Lo cierto es que, dada su más que evidente peligrosidad, en Teixeiro únicamente podía salir al patio de nueve a doce de la mañana, mientras el personal penitenciario lo controlaba «a través de pantallas», le iba abriendo las puertas de manera automática y a distancia camino del recreo. Así llevaba dos años y medio, sin hablar con nadie. «Cuando necesita algo o tiene alguna queja, que las tiene, lo hace a través de una carta que remite a la dirección».

Ahora son los funcionarios de la prisión de A Lama los que tienen que lidiar con el Hannibal Lecter de las cárceles españolas.

El penal pontevedrés ha establecido un control exhaustivo y directo sobre Fabrizio João Silva

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