«Están vaciando el Centro Gallego»

«El edificio está en una situación de desgaste muy grande. Queremos salvarlo; por aquí pasaron muchas vidas»


buenos aires / e. la voz

Nora Morales de Cortiñas, cofundadora de Madres de Plaza de Mayo, con sus 88 años sintió un nudo en la garganta tras recorrer los pasillos y habitaciones del Centro Gallego de Buenos Aires, y hasta supo ponerle el hombro a una socia que rompió a llorar llena de angustia al comprobar, con desasosiego y congoja, el estado de destrucción en el que se encuentran las instalaciones sanitarias que supieron albergar a más de 110.000 afiliados en tiempos de esplendor. «Lo que vi al recorrer el Centro Gallego con un grupo de socios me dejó muy preocupada por la situación que afronta el querido sanatorio. A la entidad la están desgastando. La están vaciando. Allí no se sabe bien qué quieren hacer. Hay servicios médicos y pisos enteros que ya no funcionan. No atienden a la gente cuando es un centro de salud centenario que queremos y necesitamos», lamenta Nora Morales, una de las madres que le puso cara a la dictadura argentina para reclamar por sus hijos desaparecidos.

Morales fue invitada por un grupo de socios a recorrer el Centro Gallego, espacios como la biblioteca, el área cerrada de Presidencia, en la que se guardan unos 161 cuadros y obras de arte, y hasta los pasillos de la segunda planta, donde está la mítica habitación 202 en la que murió Castelao. «Está descuidado. El edificio está en una situación de desgaste muy grande. Queremos salvarlo porque por aquí pasaron muchas vidas», reconoce en diálogo con La Voz de Galicia esta mujer de padres catalanes, aunque casada con un hijo de gallegos. «Toda la familia era de Ourense: alguna vez fui a Galicia, y espero volver allí por mi hijo desaparecido, que tenía sangre gallega en sus venas», dice.

Ruina en cada rincón

En un recorrido que se prolongó durante hora y media, un grupo de hombres y mujeres, entre los que estaba esta luchadora incansable, recorrieron el Centro Gallego. En la segunda planta resultó chocante ingresar por el pasillo a oscuras hasta la habitación 202. En los cuartos cercanos los muebles (camas, mesas o sillas) estaban apilados en desorden. No había electricidad. En los baños faltan los grifos. Algunos techos se desplomaron, al igual que el revoque de algunas paredes, por efecto de la humedad y la falta de mantenimiento. Hace años que nadie entra en ellas. La ruina se amontona en cada rincón.

En los pisos superiores la situación es similar. Las puertas de las plantas, cerradas con candados y cadenas. Solo se puede entrar a ellos si se habilita el ascensor. La inmensa mole de cemento de 34.000 metros cuadrados, con 111 años de historia sanitaria está casi en silencio, inerte y en pura ruina.

No fue fácil la visita. Una de las socias rompió a llorar. Alguien a su lado la consoló. En los libros contables, en rojo desde el 2012, cuando comenzó la intervención judicial, se pasó de una deuda de 90 millones de pesos a más de 2.000 millones (unos 46,5 millones de euros), con más de siete balances que no logran ser aprobados. De la plantilla de más de 1.200 empleados y médicos, hoy solo quedan unos cuantos. Tras doce meses sin pagar los sueldos al personal, algunos trabajadores ya optaron a regañadientes por un modesto retiro voluntario; otros iniciaron acciones legales; y los que quedan cobran unos 23 euros por semana.

Tras conversar serenamente con un grupo de trabajadores, Nora Morales de Cortiñas y el grupo visitante pidieron revisar el estado de la pinacoteca, en el área de Presidencia, que bajo rejas guarda ahora 161 cuadros y esculturas. Allí una delegada gremial los recibió con gritos, insultos y demandas altisonantes. «Chorros, ladrones. Se tienen que vender los cuadros para pagarle a los empleados». La irascible empleada se ubicó próxima a la escalera que un día había recorrido la reina Sofía.

Ya en la primera planta del edificio de avenida Belgrano, en las paredes, con polvo pero intactas, se ven las obras de Castelao, Laxeiro, Luís Seoane, Carlos Maside, Isaac Díaz Pardo, Quinquela Martín, Manuel Blanes o Fernando Álvarez de Sotomayor, entre otros cientos, valorados en 600.000 euros. Al patrimonio se suman unos 18.000 libros.

La intervención de la Justicia argentina se originó por la falta de pago del personal y otras deudas que mantenía el Centro Gallego en el 2012, aún sigue a cargo de Martín Moyano Barro. Tras las elecciones de septiembre se impuso Ramón Suárez Álvarez, quien aduce que aún no fue autorizado por el juez interviniente para asumir su cargo.

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