Sánchez prometió «normalidad política e institucional», y el desprestigio de las instituciones es ahora mayor que nunca
05 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.«Recuperar la normalidad política e institucional» y «convocar elecciones cuanto antes». Esos fueron los dos argumentos que esgrimió el líder del PSOE, Pedro Sánchez, cuando el 25 de mayo presentó su moción de censura. Aunque han pasado solo cinco meses, vista la realidad actual esas palabras podrían interpretarse como un sarcasmo. Lo de convocar comicios cuanto antes es algo que quedó olvidado desde el minuto uno en el que fue elegido presidente del Gobierno. Al contrario, el objetivo declarado pasó a ser agotar la legislatura a toda costa. Pero es que el segundo de los propósitos, el de «recuperar la normalidad política e institucional», puede considerarse ya como un gran fracaso. En lo que afecta a la normalidad política, las cosas están mucho peor que hace cinco meses. Los tres partidos que formaban una enorme mayoría estable a favor de la Constitución, PP, PSOE y Ciudadanos, están más alejados que nunca y el pacto en defensa de la Carta Magna está definitivamente roto.
Las fuerzas independentistas no han modificado un ápice su desafío y su desprecio a la Constitución y las leyes españolas. La normalidad política ni está ni se la espera. Y peor aún es la situación en lo que respecta a la «normalidad institucional». Las instituciones están en su grado máximo de desprestigio. El Parlamento se ha sustituido, a la hora de negociar los Presupuestos, por una cárcel en donde las cuentas públicas se negocian con un preso. La jefatura del Estado y los símbolos de la nación son insultados y humillados de manera diaria. Y, lejos de sancionar esas conductas, lo que apoya el Gobierno es despenalizarlas. El poder judicial sufre injerencias, desprecios y presiones nunca vistas, no solo desde los partidos populistas e independentistas, sino desde el propio Gobierno, que primero intentó dejar desamparado al juez Llarena frente a los ataques de la Justicia belga y después, por boca de la vicepresidenta y del propio presidente del Gobierno, lesionó su independencia y su labor de instrucción negando que exista un delito de rebelión, como plantea el magistrado del Tribunal Supremo. Y lo mismo ocurre con la Abogacía del Estado, forzada por el Gobierno a un giro radical en la calificación de los delitos y la petición de penas para los procesados que anula cualquier apariencia de independencia de este órgano, al que se enfrenta además con la Fiscalía.
La situación en lo que afecta al prestigio de las instituciones y la situación política es mucho peor que hace cinco meses. Los Presupuestos del Estado estaban entonces encaminados para su aprobación y ahora, rotos los consensos y con la petición de penas para los golpistas, son un objetivo casi imposible que, además, está en manos de quienes afirman no ser parte de ese Estado. La mala noticia es que, aunque todo va mal, probablemente irá aún a peor. El calendario judicial y el electoral se solapan en los próximos meses, al menos hasta las autonómicas, locales y europeas de mayo. Y eso solo puede agravar el fracaso en la intención de Sánchez de recuperar la normalidad política e institucional. De haber convocado elecciones cuanto antes, como prometió, el país y el propio Sánchez estarían en mejor posición.
¿Puede ser Paco Vázquez el Manuel Valls de A Coruña?
De momento nadie lo confirma, aunque tampoco lo desmienten. La posibilidad de que el exalcalde de A Coruña Paco Vázquez encabece una lista en las municipales empieza a ser una idea no descabellada. Lo que parece muy difícil es que Vázquez sea el candidato bajo las siglas de Ciudadanos. Pero el partido naranja podría intentar en A Coruña una estrategia similar a la de Barcelona con el también socialista Manuel Valls. Sacrificar su marca para integrarse en una plataforma promovida por el exregidor coruñés. Los postulados de Vázquez están tanto o más cercanos a los de Rivera que los de Valls. La posibilidad de que algo así se materialice pondría en serios aprietos al PSdeG y también al PPdeG.
Carmen Calvo reinterpreta a Enrique Tierno Galván
Enrique Tierno Galván, exalcalde Madrid, dejó una frase para la historia cuando afirmó que «las promesas electorales están para no cumplirse». El tiempo ha dado la razón a un controvertido personaje con muchas más aristas que las de sus hagiografías habituales. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, personaje menor al lado de Tierno, ha dado sin embargo un giro quizá más cínico que el del viejo profesor. Desde el propio palacio de la Moncloa, Calvo justificó que si Sánchez dijo en mayo que había habido «clarísimamente» un delito de rebelión es porque era el jefe de la oposición. Pero ahora, siendo presidente del Gobierno, lo normal, según Calvo, es que diga todo lo contario.
Cospedal y las heridas sin cerrar del congreso del PP
La situación de María Dolores de Cospedal en el PP es insostenible, según fuentes del propio partido. La ex secretaria general ha dado muestras de su capacidad de resistencia ante situaciones muy comprometidas. Pero sobrevivir a una conjura con el excomisario Villarejo contra miembros de su propio partido en su despacho de Génova, a escasos metros del de Rajoy, parece una labor ya imposible. El último congreso del PP dejó heridas tremendas con Soraya Sáenz de Santamaría que empiezan a supurar ahora. Se comprende así mejor la posición de Feijoo, que no se pronunció públicamente a favor de ninguno de los candidatos a las primarias. Tal vez era consciente de lo que se avecinaba.