Las bicis son para una ruta de récord

Dos periodistas de La Voz llegarán al Obradoiro el 25 de julio tras completar el recorrido francés


redacción / la voz

750 kilómetros divididos en 17 etapas para completar en bicicleta el recorrido que separa Roncesvalles de la plaza del Obradoiro. Ese es el reto que La Voz ofrecerá a sus lectores desde el día 10 hasta el 25 de julio, fecha prevista para la llegada a la fachada de la catedral compostelana que más recuerdan los peregrinos, obra de Fernando Casas de Novoa. Se trata de realizar la más popular de las peregrinaciones jacobeas en Europa, en la que el desafío físico que supone se vence a base de fe, espíritu de superación o por simple ánimo aventurero. Motivos para realizarlo hay tantos como peregrinos. Y formará parte de la crónica diaria el relato de esas gentes anónimas movidas por el abrazo al apóstol Santiago. 

Despliegue multimedia

Desde los primeros 48 kilómetros, entre Roncesvalles y Pamplona (se recorren el día 9 y lo leerán en el periódico el 10), los lectores podrán vivir diariamente el Camino de Santiago en las múltiples plataformas que La Voz pone a disposición de los usuarios. Además de la crónica escrita en papel, se aprovecharán al máximo las opciones digitales de un medio líder en Internet y en redes sociales. En la página web lavozdegalicia.es, un vídeo acompañará al texto, ofreciendo imágenes y testimonios en primera persona. Una cámara de acción hará posible sentirse como en el sillín de la bicicleta y complementa a un equipo audiovisual capaz de transmitir en directo desde cualquier punto del recorrido. Unas conexiones en vivo que podrán verse, comentarse y compartirse en el perfil oficial de Facebook de La Voz de Galicia, referencia en la comunidad con casi 700.000 seguidores.

El Camino, a por otros 300.000 peregrinos

maría santalla

El itinerario jacobeo, que superó en el 2017 su récord de visitantes, aspira a repetir este año el éxito. En el primer semestre del 2018 llegaron al Obradoiro 123.000 viajeros, más de la mitad, extranjeros

El Camino de Santiago ya no es un fenómeno de años santos. Al menos ya no es solo un fenómeno de años santos. Hasta que el jacobeo de 1993, con su Pelegrín, obró su milagro, la ruta que culmina en la catedral compostelana no alcanzaba los diez mil viajeros anuales. Ese año se rozaron las seis cifras, con 99.436 peregrinos, y desde entonces nunca el Camino volvió a bajar de los diez mil. Su éxito se fue agrandando paso tras paso, pero no fue hasta el 2006 cuando pasó de los cien mil peregrinos en un año no santo. Un decenio después, en el 2016, se superaban las cifras del último jacobeo, el del 2010. Aquel año cruzaron la puerta santa de la catedral 272.412 viajeros. En el 2016 llegaron a Santiago 278.041 peregrinos. El Camino había dejado de ser un fenómeno de años santos. Doce meses más tarde se rebasaban los 300.000 viajeros.

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Nada en esta cobertura informativa se ha dejado a la improvisación. Ni la elección del Camino Francés (el preferido por 6 de cada 10 viajeros) ni el medio empleado, la bicicleta (complementa al recorrido ya realizado a pie en Semana Santa desde O Cebreiro). El esfuerzo por difundir el valor universal del Camino tiene en Internet un portal específico (vivecamino.com) que se verá reforzado por esta travesía, que pretende chequear el estado en el que se encuentra la ruta a menos de tres años del próximo jacobeo. La situación de las vías ciclistas y pistas a pie será analizada en el recorrido. Así como las diferencias entre las cuatro comunidades que se atraviesan: Navarra, La Rioja, Castilla y León y Galicia.

Hay puntos cargados de simbolismo, como la Cruz de Hierro, en la localidad leonesa de Santa Colomba de Somoza. Allí, en el lugar más alto del recorrido, a 1.500 metros, la tradición peregrina obliga a dejar una piedra que se carga desde la salida. A nivel físico, el desnivel y el firme son el peor enemigo sobre la bicicleta. Ejemplos que encontraremos, por ejemplo, en el descenso entre el alto de Arre y Zubiri en Navarra, que conllevará frenadas muy calculadas. O en los 12 kilómetros sin ninguna localidad entre Villafranca de Montes de Oca hasta San Juan de Ortega, no aptos para miedosos. Ya en Galicia, los pedregosos senderos entre O Cebreiro y Triacastela pueden obligar a bajarse del sillín. Todo en un guion cambiante condicionado por agentes externos como el calor o el cansancio.

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