Oración contra las «ofensas blasfemas»

Julián Barrio reprobó en una singular vigilia el pregón del carnaval de Santiago

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«Acto de desagravio» en la Catedral de Santiago El arzobispado, indignado con el pregón del carnaval compostelano

Santiago / la voz

Parecía un sábado más en Compostela, con su casco histórico engalanado por la Feria Goyesca y cientos de turistas y peregrinos recorriéndolo. La gran mayoría, ajenos a lo que sucedía en la catedral. Un acto insólito. Una oración contra las «ofensas blasfemas», como las calificó el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, vertidas en el pregón del carnaval por el humorista Carlos Santiago.

El acto de desagravio al apóstol Santiago y a la Virgen del Pilar pretendía dar respuesta a las personas que se sintieron ofendidas por el discurso del pregonero, que incluyó a ambos entre sus sátiras, algo que a un sector del catolicismo no gustó. Diez minutos antes de que comenzase el acto, por la megafonía de la catedral se anunció que había acabado el horario de visitas y todo el que no fuese a participar en él debía abandonar el templo, donde a partir de ese momento estaba prohibido grabar con los móviles. Aun así, los bancos se quedaron justos para dar cabida a los fieles, e incluso alguno siguió la ceremonia de pie.

«El motivo de nuestro encuentro es el deseo de desagraviar a la Virgen María, madre nuestra, bajo la advocación de Nuestra Señora del Pilar y al apóstol Santiago, nuestro patrono y patrono de España, por las ofensas blasfemas que se han hecho días atrás en el carnaval. Ni este contexto ni una libertad de expresión mal entendida en modo alguno pueden justificar estas faltas del debido respeto a los demás y carentes de buen gusto», comenzó su discurso Barrio. «Manifestaciones como estas nos duelen, hieren nuestros sentimientos religiosos y nos hacen sufrir», añadió. 

Censura la «cristianofobia»

En la vigilia se reprobó la persecución y el desprecio de la fe «a través de insultos a la Virgen, al Apóstol y a otros santos». «Las corrientes laicistas están generando una cristianofobia que se manifiesta en lo que estos días estamos padeciendo», señaló el arzobispo, quien lejos de echar más leña al fuego pidió el perdón de Dios para los que ofenden «porque no saben lo que hacen, o tal vez sí, pero están equivocados».

La reacción que se pidió a los fieles fue la de «no arremeter contra nadie». El arzobispo de Santiago llamó a la serenidad: «Manteniéndonos en la bondad que Cristo nos enseñó». Con este mensaje se fue el público, entre el que apenas había jóvenes ni autoridades políticas. Sí asistió el líder del PP de Santiago, Agustín Hernández, quien aclaró que su presencia allí era «una cuestión personal como ciudadano», al margen de su actividad política, al considerar el espectáculo de Carlos Santiago «soez, de mal gusto y de poco respeto». «Independientemente de que sean creyentes o no, lo que no se puede es faltar al respeto a los demás», decía una compostelana que acudió al acto, a pesar de que no llegó a ver el polémico pregón. En realidad, pocos de los que estaban allí lo hicieron. «¡Y gracias que no estábamos allí!», decía otro vecino. Tras él, salía otra santiaguesa emocionada, con los ojos llorosos. «Todo esto le ha tocado la fibra», explicaba por ella su acompañante.

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