El inspector que llevó el caso Déborah duda de la implicación del Chicle

La familia de la joven viguesa se aferra al perfil de la víctima de Abuín para pedir reabrir el sumario y evitar que prescriba

El inspector que llevó el caso Déborah duda de la implicación del Chicle La familia de la joven viguesa se aferra al perfil de la víctima de Abuín para pedir reabrir el sumario y evitar que prescriba

vigo / la voz

Las muertes de Déborah Fernández-Cervera, en Vigo en el 2002, y de Diana Quer, en Barbanza en el 2016, tienen ciertas similitudes que han llevado a la familia de la viguesa a reclamar la reapertura del sumario por si estuvo implicado José Enrique Abuín, el Chicle, y evitar que prescriba en el 2022. Sin embargo, el inspector de policía retirado Ángel Galán, que examinó el caso de Vigo y ahora dirige el Instituto de Probática e Investigación Criminal, descarta al Chicle tras comparar el modus operandi en ambos sucesos.

Rosa Fernández quiere reabrir el caso de su hermana Déborah con la excusa de despejar dudas sobre el Chicle. Argumenta que coincide el perfil de víctima del rianxeiro. Déborah, de 22 años, era morena, de pelo largo, y caminaba sola por la carretera y sin teléfono móvil. Tanto su cadáver como el Diana Quer aparecieron desnudos y sin su ropa. Alguien limpió las escenas del crimen. «El Chicle fue visto en una carrera en Nigrán, un punto medio entre Vigo y O Rosal, donde apareció Déborah, y él compite por toda Galicia», dice Rosa Fernández en relación con una foto en el podio que el barbanzano colgó en el 2015 en su Facebook.

La hermana de Déborah quiere «que la Justicia despeje dudas sobre la autoría del Chicle y, si no, que revise y se mueva la investigación, que lleva siete años parada sin que nadie trabaje en ella».

Déborah procedía, como Quer, de una familia acomodada y era deportista. Corría sola al atardecer por un vial costero y lleno de chalés en Samil. Quizás Déborah fue recogida por un conductor y pasó diez días desaparecida. El cadáver de la joven pudo haber sido conservado en un lugar frío o lóbrego como un frigorífico, una bodega o un pozo. La causa de su muerte fue por sofocación, quizás natural, mientras que Quer murió asfixiada por estrangulación. No vieron signos visibles de agresión sexual ni lucha o resistencia. En Déborah, el implicado dejó colocado el cuerpo en una cuneta de O Rosal para que lo recuperase la familia.

El inspector Galán es escéptico: «No veo ninguna coincidencia. La zona de O Rosal no es de las que conozca ni frecuente el Chicle. El participar en una carrera o hacer una visita no significa que sea un lugar que conozca».

Añade que la forma en que se encuentran los cuerpos de Deborah y de Diana «no tienen nada en común. Uno está tirado sin ningún tipo de miramiento y el otro aparece depositado tratando de que ni la víctima ni su familia sientan vergüenza por cómo lo encuentran. Déborah está claro que quieren que la encuentre su familia y el cuerpo de Diana tratan de que no aparezca nunca».

Galán recalca que a Quer la atan con bridas en algún momento y a la viguesa nunca. «Podría haber fallecido de muerte súbita», sugiere. «No creo que el Chicle tenga nada que ver», insiste. Sospecha que «al menos dos personas saben cómo murió. Déborah no tiene signos de violencia, y en Diana no se puede saber por su estado. El cuerpo de la viguesa no estuvo sumergido ni hay constancia de que se la llevaran en un vehículo ni de que ella fuese por un lugar solitario y de madrugada», concluye.

La Guardia Civil estudiará la posible relación con otros casos cuando se aclare el de Diana

La Guardia Civil no descarta la implicación del Chicle en otros casos y lo investigará para determinar si puede relacionarse a Abuín Gey con otras desapariciones. De todas maneras, esas pesquisas no comenzarán de forma inmediata. Tanto el propio instituto armado como el delegado del Gobierno en Galicia, Santiago Villanueva, avanzaron que esperarán a que concluyan las investigaciones del caso Diana Quer para después estudiar otras desapariciones que hayan tenido lugar en el radio donde pudo actuar el autor confeso de la muerte de la joven madrileña. Por el momento no se han determinado los casos que serán revisados.

A raíz de lo ocurrido con Diana Quer, las familias de algunas desaparecidas y asesinadas gallegas reclamaron no solo que se reactiven las investigaciones, sino también la creación en Galicia de un cuerpo policial especializado que se dedique a combatir y a esclarecer estos crímenes. Esos grupos policiales especializados existen ya en otras comunidades, y las familias de mujeres como Socorro Pérez, Sonia Iglesias, Elisa Abruñedo, Elena Calzadilla, Manuela Lorenzo, Gloria Bouzas o María José Arcos, todas ellas desaparecidas en Galicia en los últimos veinte años sin que se haya encontrado un culpable, lo piden para Galicia.

El comandante Arturo, 500 días con la familia de Diana

josé manuel Pan

Este guardia civil, que también dirigió la investigación del caso Asunta, ha sido el enlace con los padres de la joven

Arturo Marcos Sánchez es el guardia civil que mejor conoce a Diana López-Pinel y a Juan Carlos Quer, padres de Diana, la joven madrileña cuyo cadáver apareció en un pozo la madrugada de Nochevieja. Durante los casi 500 días de búsqueda de la chica, este comandante ha sido el enlace permanente de la Guardia Civil con la familia de Diana, con la que ha hablado casi todos los días desde que la chica desapareció la madrugada de aquel 22 de agosto del 2016.

Por la mañana, por la tarde, incluso durante muchas madrugadas en las que la madre se venía abajo ante la falta de resultados, él siempre contestaba al otro lado de la línea. «No me cansaré de agradecer su trabajo», decía sobre él el padre de Diana, Juan Carlos Quer, en una entrevista publicada el sábado por este diario. A cualquier hora estaba abierto para los padres de la chica el teléfono del comandante Arturo, como conocen en la Comandancia de A Coruña a este palentino de 36 años que está considerado como uno de los mejores investigadores de la Guardia Civil. De hecho, él era el capitán jefe de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial (UOPJ) de A Coruña, que resolvió con éxito el caso Asunta, la niña de Santiago asesinada en el 2013 por sus padres, Alfonso Basterra y Rosario Porto, que cumplen condena en prisión.

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Ángel Galán comenzó su carrera como inspector en 1970 y se retiró como Comisario Principal y fue el Jefe Superior de Policía de Extremadura. Con anterioridad mandó la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta Central (UDEV Central) y desde ese puesto dirigió la mayoría de los casos que se dieron en España donde era competente el Cuerpo Nacional de Policía entre el 2002 y el 2008 de homicidios, secuestros y desapariciones. Él mismo señala que la dirección no implicaba la investigación de campo, en la que actuaban funcionarios policiales.

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