A las tres de la madrugada llegan los barcos al puerto a descargar; a las seis de la mañana, la cosa está más animada que una playa de ciudad en pleno verano
04 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Lonja de A Coruña. 5.15 de la mañana. Se puede comer en el suelo donde luego irá el pescado. Ya pasó Nochebuena, pero el género no se baja de la parra. Hay poco por los temporales y es caro. 36.650 kilos se vendieron. 151.000 euros pagaron por ellos. Ahora bien, en unos días, pasado Reyes, cuando el gallego vuelva a estar a punto de reventar con la última panzada navideña, el pescado y el marisco rodarán en picado por la cuesta de enero.
Volverá la normalidad a la lonja, donde de aquí en un año nadie volverá a pagar 240 euros por un kilo de camarones, ni 40 por el besugo, como hizo María de la Merced Malvárez (Mery o la Gitana), pescantina de la plaza de Lugo. De las pocas, casi la única, que pueden disputar el mejor género a las grandes superficies o restaurantes de postín.
Esta Navidad, por culpa de las borrascas, los barcos permanecieron muchos días amarrados y la pesca fue escasa. Y muy cara. «No obstante, se vendió todo», cuenta José Luis Otero, gerente de la Lonja de A Coruña.
Del mar al plato hay un lío enorme. A eso de las tres de la madrugada, cuando casi todo el mundo duerme, llegan los barcos al puerto a descargar. Algunos no se han arrimado al cantil y ya lo tienen todo vendido a alguna cadena de supermercados. No pasan por lonja, no van a subasta. Solo por un exigente control de calidad. Si quieren comprar toda la caballa que lleva en la bodega un arrastrero, lo hacen. Ya sean 6.000 o 10.000 kilos.
El pescado que no se adquiere de forma directa, va a la lonja. A una nave a pie de atraque de medio kilómetro de largo, un pabellón gigantesco del que salen cerca de 50.000 toneladas al año y se facturan 74 millones de euros -el segundo puerto de España en volumen-. A sus puertas, personal de la empresa Lonja de La Coruña S.A., participada por todos los sectores del Puerto, seleccionan por tamaño, inspeccionan el género y lo pesan. Ya distribuido en cajas, según explica Nacho, responsable de la empresa concesionaria, se pasa al subastador. Hay 24 firmas subastadoras en el puerto coruñés que trabajan para los armadores. De pie, frente al producto, gritan la especie y empieza el espectáculo.
Puja a la holandesa
El pescado no se subasta igual que un cuadro de Monet. En la lonja se fija un precio tope y de ahí va bajando hasta que el comprador lo estime. Son las seis menos cuarto de la madrugada y la lonja está más animada que la playa del Orzán al sol de agosto. Acaba de empezar la subasta. El pescado y el marisco no se venden: se cantan. A la holandesa se llama esta puja, por descendente. Canta Antonio López. El tema se titula Congrio. Y esta es su letra: 2,3/ 2,5/ 2,2/ 2,15/a 2/ 1,95/ 1,9/ 1,8/ 1,7/ 1,6. Un «mío» detiene la canción. El comprador tira un papel sobre la caja con el nombre de la empresa que lo compró. Es la forma de marcar el lote adquirido, que más tarde habrá tiempo de pagar, porque el ritmo no para y la puja sigue. Ojo, a la lonja no pueden acceder más que profesionales del sector. Los particulares ya no es que no puedan pujar, es que ni mirar pueden.
Botas de goma y calcetines sobre los bajos del pantalón luce Luis, veterano subastador. Guía a un joven compañero. «Hay que darle a este rape, Rubén», le ordena. Vaya si le da. «Rapes, los rapeeeeees, los rapeeeeeeeeeeeees». A viva voz invita a los clientes a que hagan corro en torno a la mercancía, pero su grito lo ahoga el caos sonoro y muere ocho merluzas más allá.
El rap del rape que canta Rubén lo sintoniza una placera de oído fino. Pregunta a cuánto va «o peixe». Esto ya no es subasta, sino lo que llaman un «tira y afloja». Lo compra a 15 el kilo. La placera arrastra la mercancía con un pincho y dice que «hay que acabar con esa mentira de que lo mejor se va para Madrid». Invita a echar un ojo a los rapes que va arrastrando y dice toda orgullosa que «jamás uno de la meseta le hincó el diente a uno como estos».
Las lonjas gallegas batieron en el año que terminó todos los récords. En toneladas de pescado e ingresos.