«De aquí ya no nos vamos a mover nunca»

En los últimos años reunieron a 13 personas de su familia en la localidad


lugo / la voz

Las historias de peregrinos que deciden abrir un negocio en el Camiño Francés son bastante habituales, pero la de la pareja de madrileños, aunque él es valenciano de origen, formada por José Antonio Ruiz y Paloma Rodríguez se sale de lo común. Ambos se encontraban completando el Camino de Santiago por sexta vez cuando decidieron buscar un lugar en la ruta jacobea para establecerse y dejar así el bullicio de la gran ciudad. Encontraron el lugar perfecto en Pintín (Sarria), donde abrieron un albergue, pionero además en contar con un establo para los caballos.

José Antonio y Paloma se empadronaron en Sarria y poco después lo hicieron sus hijos, Diego y Elisa, que son quienes les ayudan. A continuación se sumaron al grupo los esposos de ambos, Rubén Molaro y Ana Arribas, y los hijos de ambos matrimonios, Mariana, Inés, Manuela, Camila, Rodrigo y Lucas. La última en incorporarse fue una hermana de Paloma, Cheli. El Camiño Francés ha conseguido, solo con esta familia madrileña, que aumentara el padrón municipal de Sarria en trece personas en los últimos años.

El motivo por el que esta pareja decidió cambiar la capital de España por un pequeño pueblo se debe a que ambos compartieron siempre la ilusión de vivir en el campo. «Para nosotros siempre fue un sueño disponer de una vivienda tranquila en una zona alejada del bullicio de la gran ciudad. Se puede decir que somos dos enamorados del campo que hemos conseguido cumplir una gran ilusión», dijo Paloma Rodríguez.

El arraigo de esta familia ya numerosa es tal que, a pesar de que el matrimonio está próximo a jubilarse y piensa en vender el albergue, no están dispuestos a abandonar la villa. «Cuando dejemos de trabajar y vendamos el albergue que abrimos con tanta ilusión emplearemos parte del dinero en adquirir una casa que nos guste en la zona para seguir viviendo en un lugar que nos acogió de maravilla», dice Paloma Rodríguez.

Casos como el de Paloma y José Antonio explican que Sarria aumente de población. A ello hay que añadir que la villa es cabecera de una comarca rural y que cada año se trasladan a residir en ella muchas personas de concellos limítrofes (el saldo migratorio en Sarria fue el año pasado positivo, en 126 personas). Algunas no se empadronan en Sarria, pero otras sí, a veces para poder acceder a algunas subvenciones y ayudas municipales.

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