España regresa al esperpento nacional

La campaña de las primarias del PSOE, la crisis entre Ciudadanos y el PP y las elecciones en Cataluña favorecen otro bloqueo político


Madrid / La Voz

Si es usted del gremio de los optimistas, es decir, de aquellos que, acostumbrados a la relativa normalidad de los últimos meses, estaba convencido de que España había dejado atrás la época del esperpento político que vivió en el año 2016, convertido ya en uno de los períodos más negros de nuestra reciente historia democrática, tenemos malas noticias. Acabado este agradable veranillo de marzo, nos disponemos a entrar en una nueva fase de estulticia que nos conducirá a lo más crudo del crudo inverno político. Un oscuro callejón del que no está claro que acabemos saliendo y al final del cual espera, si nadie lo remedia, el fantasma de unas nuevas elecciones y la recaída en el más absoluto desprestigio internacional.

El punto de inflexión para esa vuelta a lo peor va a ser, naturalmente, la confirmación de que la andaluza Susana Díaz dará el paso de intentar mantener al PSOE en la senda de sensatez en la que había entrado en los últimos meses. Bastará ese anuncio para que los socialistas vuelvan a entrar en crisis severa. Se abrirá a partir del próximo 26 de marzo una batalla cruenta en la que el partido se abrirá en canal, con Pedro Sánchez reivindicando la llama más radical e izquierdista del PSOE, a la que en realidad nunca ha pertenecido, y acusando a Díaz de haberse rendido ante la derecha. Un argumento que, combinado con las suficientes gotas de apoyo demagógico en algunos medios, llevará a que, para contrarrestar ese ataque, la gestora del PSOE, a la que casi todos identifican con Susana Díaz, abandone el pragmatismo político demostrado en los últimos meses y haga imposible cualquier acuerdo que permita sacar adelante unos Presupuestos. Así llegaremos al congreso socialista de junio con Sánchez y Díaz compitiendo por ser los más partidarios de bloquear al Gobierno dejándolo sin agua política, y con Patxi López de comparsa esperando a que el ganador de esa pelea le haga presidente del partido. En medio estará Podemos, volcada ya tras la purga de Errejón hacia su versión más radical, sembrando cizaña y tratando de arrastrar a los socialistas hacia el populismo.

Si a ello se le suma el hecho de que el PNV empieza a sentir vértigo y cada vez está menos dispuesto a retratarse con el PP apoyando los Presupuestos -ni siquiera a cambio de prebendas económicas-; se le añade la quiebra total de confianza entre el PP y Ciudadanos, cuyas llamas van a ser alimentadas tras la inminente crisis política en Murcia, y se le agrega la enésima huida hacia adelante del independentismo catalán, que acabará convocando en breve unas nuevas elecciones autonómicas para tratar de salir del callejón sin salida en el que se encuentra, tenemos ya todos los ingredientes para el regreso al disparate nacional que creíamos ya superado.

Convencidos de que los españoles están deseando volver a la aburrida política de la normalidad, en el PP son legión ya los que animan a Rajoy a plantarse ante unos y otros y convocar unas nuevas elecciones en cuanto compruebe que no es posible aprobar los Presupuestos. Pero está por ver si el líder del PP les hará caso o tratará de ejecutar un nuevo número de escapismo a lo Houdini para salir vivo y hasta reforzado de este embrollo.

Beiras se aferra a Villares para no perder influencia

Xosé Manuel Beiras es el último dinosaurio de la política española que se resiste a abandonar definitivamente la política activa. El histórico político gallego, que ya fue candidato en las elecciones generales de 1977, hace por tanto cuarenta años, continúa empeñado en marcar el rumbo político de una fuerza como En Marea, que indudablemente le debe una gran parte de sus últimos éxitos electorales, pero en la que hace tiempo que dejó de ser la referencia. Beiras apuesta firmemente por un liderazgo débil para En Marea como el de Luís Villares, también como portavoz, convencido de que con cualquier otro referente en el partido instrumental su influencia en la política gallega tocaría a su fin.

El PSdeG se la juega en la quiniela de las primarias

La tradición dice que en los últimos y convulsos años del socialismo gallego, a pesar de que los líderes del PSdeG acertaron a la hora de apostar por uno de los candidatos que se disputaban la secretaría general del PSOE, acabaron arrastrados por la caída de los que ganaron. Ocurrió con Pachi Vázquez, que apostó por Rubalcaba y quedó desnudo a la caída de este. Lo mismo le sucedió a Gómez Besteiro, y luego a Carmela Silva, cuando su amigo Pedro Sánchez entró en barrena mucho antes de caer definitivamente. Ahora, el futuro del socialismo gallego está pendiente de que quien aspire a liderarlo acierte el ganador de la quiniela entre Sánchez, López y Díaz. Y luego, de que este aguante.

Los candidatos del PPdeG ya no se decidirán en un café

En enero del 2015, Alberto Núñez Feijoo me dejó estupefacto cuando, en una entrevista en La Voz, aseguró que hacía más de seis meses que había pactado a solas con Rajoy los candidatos de todas las grandes ciudades de Galicia de cara a las municipales que se celebraron aquel año. «Tenemos la costumbre de quedar a comer. Pegamos un repaso a las siete ciudades y coincidimos plenamente en el diagnóstico. Desde el mes de julio esto está preparado», dijo, dejando fuera de juego a líderes del PPdeG que aseguraban, por ejemplo, que seguía sin haber candidato en Vigo. Pero aquella fórmula no salió bien. Las cosas han cambiado mucho. Y los candidatos del 2019 ya no se van a decidir en un café de ese tipo.

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