El cura de Cuntis pide perdón por su disfraz

El párroco salió vestido del dueño de la mansión de Playboy, cosa que no ha gustado a la Iglesia


Pontevedra / La Voz

El cura de Cuntis, Juan Carlos Martínez, de 40 años y muy activo en su relación con los vecinos, seguramente no vuelva a disfrazarse en su vida. Lo decía el miércoles, con una sensación y un tono de voz que se movía entre la tristeza y el arrepentimiento. ¿Por qué ha tomado esta decisión? Pues porque su disfraz en estos últimos carnavales, en los que salió junto a un grupo de vecinos y amigos del pueblo vestido de Hugh Hefner, dueño de la mansión Playboy, acompañado de las pertinentes conejitas, ha levantado una buena polémica. Él reconoce que su actuación fue «desafortunada» y, aunque los vecinos lo apoyan a capa y espada, no deja de disculparse. Pidió perdón desde el púlpito en cada misa que ofició desde entonces. Mostró su arrepentimiento ante el vicario episcopal, que le afeó su conducta. Y quiere presentar sus disculpas ante el propio arzobispo de Santiago, con quien pidió una cita. El miércoles, a mayores, decía: «Pido perdón a quen se poida sentir ofendido pola miña culpa, como non facelo!».

Juan Carlos Martínez no quería hablar demasiado de este asunto. Prefería pasar página. Pero sí lo hacían vecinos de Cuntis, tanto los que van a misa como los que se declaran ateos pero indican que «este cura es un encanto y hay que estar con él». Ellos explicaban, sobre todo, el contexto en el que se produjeron los hechos. Contaban que Juan Carlos Martínez, además de su párroco, es uno más en Cuntis. Que trabajó a brazo partido para montar Cáritas, que puso todo de su parte para unificar parroquias y para que los domingos la gente venga a la misa al casco urbano. Incluso le atribuyen, por su poder de convocatoria en la iglesia, haber dinamizado la hostelería. «A xente agora vén á misa e toma o vermú en Cuntis, é unha marabilla», dicen. Unos y otros insisten en que la relación con los vecinos es tan fluida que, en una cita como los carnavales, él no podía faltar. Y, efectivamente, siempre se disfrazaba sin que mediase polémica de por medio. Hasta este entroido.

Resulta que al párroco, convertido en Hugh Hefner y ataviado con su mítico batín, en medio del desfile, justo cuando simulaba un número erótico tumbado en una cama junto a una de las conejitas -encarnada por un hombre-, lo fotografiaron por pasiva y por activa. Varias de esas imágenes, además de algún que otro comentario, llegaron hasta el vicario, Calixto Covo, que, como él mismo explicó, se llevó un buen disgusto a cuenta del disfraz.

«Me alegro de que le quieran»

Covo dice que Juan Carlos es un buen cura y un buen amigo. Pero que eso no quita para que tuviese una «conducta impropia en un sacerdote». Así las cosas, y después de mandarle un correo afeando su conducta, el lunes el vicario acudió a Cuntis para, entre otras cosas, tratar este asunto. «No le abronqué, yo no abronco a nadie, pero sí le hice ver que para mí era un asunto que tenía relevancia y que me disgustaba, al igual que le disgustaba al arzobispo, al que yo mismo informé de esto», indicó Calixto Covo. El caso es que cuando el vicario llegó a Cuntis se topó con que decenas o incluso centenares de vecinos aguardaban a las puertas de la casa de Cáritas para mostrar su apoyo al párroco.

El vicario reconoce que, pese a la polémica, ver a decenas de vecinos aplaudiendo a su cura le gustó. «Es bonito que la gente quiera a su párroco, me parece muy destacable», dijo. Calixto Covo también aseguró que, pese a su disgusto y el del arzobispo, no habrá consecuencias para el cura. Señaló que la Iglesia es una familia y que, como tal, «las cosas se hablan y punto. Nada más».

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