Quema(dos)

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

GALICIA

Agosto llega de puntillas, pero como todos los veranos en esta pequeña esquina de Europa, agosto quema. Quema ver las llamas alzarse imponentes, peligrosas y anaranjadas desde la autovía. Quema que el sol suave de las tardes de verano sea ensombrecido por las nubes de humo y ceniza. Quema que el fuego se acerque peligrosamente a las casas. Quema ver a los vecinos salir a combatirlo cuando llega. Como pueden, con lo que tienen. También quema ese olor nauseabundo que se mantiene durante días, incluso durante semanas. Quema el paso de las horas mientras las llamaradas siguen avanzando sin control a pesar de los esfuerzos, a pesar de las brigadas, a pesar de los hidroaviones. A pesar de todo. Quema incluso cuando el incendio está extinguido. Queman los kilómetros cuadrados de muerte, las hectáreas de aniquilación que dejan a su paso. Quema la calma tensa, el manto gris que lo cubre todo. El fuego quema. Los incendios queman. Pero lo que más quema es que no aprendemos. Nos queman los que deciden que es buena idea quemar el monte. También nos queman los que piensan que no hay que limpiarlo. Queman los que intentan sacar rédito político de los fogonazos de horror de todos los veranos. Quema recordar que hace diez años la pira parecía no apagarse. Diez años y no hemos aprendido nada. Y mientras, Galicia sigue quemándose. Y eso sí que debería tenernos quemados.