Jaula de grillos


Los españoles nos jugamos en el próximo mes una nueva convocatoria de elecciones, las segundas en medio año. Y no hay nada de malo en consultar a los ciudadanos. Es que ya han sido consultados y ya han decidido. Lo que ocurre es que los líderes políticos se muestran incapaces, al menos de momento, de gestionar el mandato electoral. Volver a las urnas sería una declaración de incompetencia, estrechez de miras e irresponsabilidad. Visto con cierta perspectiva, sería el corolario lógico de la jaula de grillos en la que se han convertido los partidos.

El candidato más votado no ha dado un solo paso en más de tres meses y ayer tuvo que soportar el bochorno de que quien en su día lo nombró a dedo ahora le diga públicamente que hacen falta nuevos liderazgos. Aznar es el único que se atreve a decir en alto lo mismo que piensan cada vez más en su partido. Pedro Sánchez es todo lo contrario. Se mueve mucho. Pero mira tanto de reojo a Susana Díaz que no sabe en qué dirección da cada paso. Su empecinamiento en lo imposible será elogiado en el improbable caso de que lo consiga, pero será motivo de lapidación si fracasa. Y la primera piedra saldrá de entre los suyos en cuanto se den las circunstancias propicias. Así de cruel y oportunista es la política. Pero lo paradójico es que la resolución del galimatías quede en manos de la mayor jaula de grillos del momento, Podemos, que navega bamboleándose entre la izquierda anticapitalista, el populismo y el transversalismo según sople el viento. Su obsesión por el poder lo aleja más y más de los principios del movimiento ciudadano en que tuvo su origen. Lo malo de quien concibe el poder como algo que se asalta es que queda invalidado para ejercerlo.

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