Aquí los discapacitados son los buses

Nueve de cada diez autobuses urbanos ya están adaptados para personas con discapacidad, pero estas denuncian que siguen teniendo problemas para usarlos


redacción / la voz

«Teremos que tomar o exemplo do Langui, que parece que así é o único xeito no que cambian as cousas». Anxo Queiruga, presidente de la Confederación Galega de Persoas con Discapacidade (Cogami) se refiere al actor y MC que ha parado ya varios autobuses en Madrid porque no lo dejaban subir con su silla de ruedas. De «pésima» califica el representante de Cogami la accesibilidad al transporte urbano en las seis ciudades de Galicia que cuentan con él -Pontevedra no tiene bus- para las personas discapacitadas, ya sea porque las paradas no están adaptadas o porque el problema es el vehículo, que no cuenta con rampa. Que se lo cuenten a Anxela López, otra de esas Languis que se ha quedado en la parada más de una vez y presidenta de la asociación Vigalicia. Suele hacer el trayecto que une el barrio de Fontiñas con el centro de Santiago. Hace unas semanas «un día de frío e de moita chuvia» tuvo que dejar pasar tres buses antes de tirar la toalla y pedir un taxi adaptado. «Non podía agardar máis». Dos de los buses no contaban con rampa para poder subir con su silla de ruedas. En el tercero, no funcionaba. Pidió el taxi y por un trayecto de apenas dos kilómetros «paguei oito euros. A viaxe en bus custa un. Podo facelo un día pero todos non», se queja. La inspección periódica de los vehículos compostelanos se llevará a cabo entre esta semana y la que viene. De todas formas, dicen que nunca viene mal la colaboración ciudadana para poder solventar problemas con las rampas cuanto antes.

Es la odisea a la que se enfrentan todos los días las personas con discapacidad, una «desigualdade real, outra máis» que les impide usar el transporte urbano con normalidad. Porque si la rampa es manual, Anxela López necesita un acompañante que le ayude a subirse al autobús. «Non podo viaxar soa, ¿que tipo de autonomía persoal é esa?». Por eso ya ha solicitado al Concello de Santiago que modifique la ordenanza de transporte colectivo de la capital de Galicia para eliminar la obligatoriedad de contar con un acompañante que la ayude con la rampa manual para subirse al autobús.

Mientras, los ayuntamientos afirman que la mayoría de su flota de buses urbanos está adaptada a personas con discapacidad. En el caso de A Coruña y Ferrol, el 100 % de los buses urbanos cuentan con rampa para sillas. En la ciudad herculina había alguno, de reemplazo, sin adaptar, pero la empresa de transporte está acabando los trabajos para que todos, incluidos los de repuesto, tengan rampa para sillas. Tranvías de Ferrol cuenta con 17 buses. Trece circulan a diario. Todos adaptados. Sin embargo, desde el Grupo Diversidad Funcional de Ferrol y Comarca relatan las dificultades que, más allá de tener o no tener rampa, tienen las personas con discapacidad para usar el transporte urbano: algunos solo cuentan con un espacio para silla de ruedas, por lo que no pueden subir dos discapacitados. Y a veces ese lugar está ocupado por carros de bebé. Algunos no son capaces de llegar hasta el conductor para abonar el billete y es él quien tiene que desplazarse para cobrarlo. Y a veces también tiene que dejar su puesto para accionar la rampa manual.

Mari Morado, presidenta del grupo, explica que en Ferrol hubo un caso similar a el de El Langui. Una mujer tenía una scooter e hicieron la prueba de subirlo a un autobús, demostrando que, a pesar de las apariencias, el peso era inferior al de una silla de ruedas convencional, por lo que la empresa «que no le gustaba que se subiera» tuvo que aceptarlo.

En Santiago, la flota está compuesta por 52 vehículos. Dieciocho tienen rampa automática. En otros 23 es manual. La ordenanza de transporte colectivo dice específicamente que «no caso dos vehículos dotados con rampla de acceso manual será o acompañante (con libre acceso) o que deba abrila e gardala, seguindo as indicacións do condutor». En el 2014, el Concello rechazó modificar este punto de la ordenanza porque el conductor no puede abandonar su puesto.

En Vigo, con una flota de 121 buses, el 90 % están adaptados. Y sin embargo, Carlos Álvarez da Silva ve como cada día muchos autobuses pasan de largo porque la rampa para que pueda subir con su silla está averiada. Dos, tres y hasta cuatro autobuses hasta que llega uno al que puede subir «con dignidad». Ya se le ha reclamado a la concesionaria que cumpla con la normativa y el responsable de Vitrasa mantendrá un encuentro con él hoy mismo.

En Lugo, 17 de 22 son accesibles. Con la nueva concesión, se adaptará el 100 % en una ciudad que, recuerdan, fue pionera en Galicia. Y Ourense cuenta con 29 autobuses adaptados sobre una flota de 38, así como uno de los dos trenes que van a As Termas.

Con informaciones de E. Eiroa, R. Pita, R. Martínez, R. Novoa, A. Martínez y E. G. Souto

El plazo para que todos los buses sean accesibles termina en diciembre del 2017

El texto refundido de la ley general de derechos de las personas con discapacidad, que entró en vigor en el 2013, establece en su disposición adicional tercera los plazos para la adaptación de los vehículos de transporte a las personas con discapacidad. Y el plazo termina en diciembre del 2017. A ese texto se agarró el Concello de Santiago en el 2014 para rechazar una alegación de Anxela López en la que pedía que todos los autobuses urbanos tuviesen una rampa automática -lo que le evitaría a las personas con movilidad reducida tener que viajar con un acompañante para que accione la rampa y posteriormente la recoja-.

También ha visto problemas con las rampas «incluso de personas que se han quedado entre el bus y el suelo», Miguel Ángel Gutiérrez, que tiene movilidad reducida y es usuario del autobús. Y relata las mismas situaciones que otras personas con discapacidad: tiempo y tiempo perdido en la parada porque o la rampa del autobús no funciona o directamente no la tiene. Y no son solo los vehículos: «Muchas paradas no tienen marquesina. Imagínate esperar en invierno. Y otras están en medio de la carretera, por ejemplo en Alfonso Molina (la vía de entrada a la ciudad de A Coruña)». Y aunque la compañía afirma que todos los buses, salvo alguno de reemplazo, están adaptados, «es habitual verlos sin adaptar por A Coruña», afirma Gutiérrez.

El interturbano, aún peor

Y el interurbano, según Queiruga, es todavía peor. «Hai empresas que teñen algún bus de piso baixo, pero hai que avisar antes de cando vas viaxar para telo dispoñible. E ao mellor á volta non o tes». ¿El resumen? «Tercermundista», tercia Anxo Queiruga.

Coinciden en este análisis en Ferrol. Según cuentan, los viajes interurbanos, de los que se encargan otras compañías, tienen que avisar con «tres o cuatro días» de antelación para que las empresas puedan desmontar previamente varios asientos para poder subir a personas en silla de ruedas y demandan los autocares tengan asientos plegables.

También Miguel Ángel Gutiérrez dice que el transporte interurbano es una pesadilla. «Ahora vivo en Cambre. Por ejemplo puede haber bus hasta la estación de A Coruña y si quieres ir al centro y no hay autobús adaptado te tienes que buscar la vida», lamenta este coruñés, que también añade la problemática del transporte hacia el rural, con paradas a un kilómetro de casa.

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