Feijoo y Besteiro, atrapados en el ascensor

Domingos Sampedro
domingos sampedro SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

Ed Carosía

Ni el líder del PPdeG ni el del PSdeG han decidido qué botón pulsar para activar el siguiente paso en sus carreras

28 feb 2016 . Actualizado a las 12:25 h.

Para el sábado 12 de marzo, Mariano Rajoy tiene un plan. Consiste en viajar a la ciudad que lo incomodó al declararlo persona non grata, Pontevedra, para asistir al día siguiente a la entronización de Alfonso Rueda como presidente provincial del PP. Ese fin de semana tienen que ocurrir cosas. El presidente del Gobierno espera tener, como él mismo dijo, «una buena conversación» con Feijoo, que podría rescatar al presidente de la Xunta del ascensor en el que permanece atrapado sin saber exactamente en qué piso ha de bajarse para continuar con su carrera. ¿Galicia o Madrid? ¿Optar a un tercer mandato en San Caetano o a la séptima planta de la calle Génova? Los botones del elevador, de momento, los mantiene bloqueados Rajoy.

El consuelo que le queda al líder de los populares gallegos es que el bloqueo que le impide tomar determinadas decisiones no solo le afecta a él. Toda la política española es un gran ascensor que a veces se mueve y a veces se detiene, pero que pocos saben a dónde conduce. La incertidumbre que rodea la investidura de Pedro Sánchez, la formación de un gobierno y la posible convocatoria de nuevas elecciones generales, condiciona mucho los procesos orgánicos que tenían en marcha los principales partidos en Galicia y tiene en vilo a sus dirigentes.

En lo que a Feijoo respecta, su futuro político está en manos del presidente nacional del partido. Con Rajoy, todo; contra Rajoy, nada. De su consentimiento depende que el presidente de la Xunta opte a un nuevo mandato o que pueda tener otras miras. Aunque tampoco habría que descartar, llegado el caso, un intercambio de cromos, que lleve a Feijoo de vuelta a Madrid y traiga a Ana Pastor de candidata a Galicia, pues a algunos observadores políticos no les parece nada baladí que supuestamente el PP, porque es algo que su dirección ni confirma ni desmiente, encargara en los últimos días una encuesta telefónica en Galicia testando, entre otras cosas, la opinión sobre potenciales sucesores de Feijoo. Los nombres que salieron a concurso son tres: Pedro Puy, portavoz parlamentario; Alfonso Rueda, vicepresidente de la Xunta; y Ana Pastor, ministra de Fomento en funciones. De los dos primeros hace tiempo que se habla. La novedad es que Pastor fuera incorporada a la quiniela.

La situación del líder del PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, es bastante diferente. Dentro de una semana, el próximo 6 de marzo, reunirá al comité nacional del partido para anunciar la fecha de las elecciones primarias, de las que saldrá el nombre del candidato a la Xunta. Y todo indica que tendrán lugar entre finales de abril y mediados de junio, es decir, que el dirigente lucense dispone de entre uno y dos meses para decidir si se presenta y asume el riesgo de convertirse en el cartel electoral de los socialistas estando imputado por cuatro delitos.

De momento, Besteiro fue superando todo los obstáculos que se le fueron presentando para apartarlo de la carrera. El acuerdo logrado entre el PSOE y Ciudadanos amenazaba con incapacitarlo para poder formar parte de una lista electoral, pero al final quedó exonerado, pues la renuncia solo sería obligatoria para los investigados por corrupción a iniciativa de la Fiscalía.

Pero eso no impide que el líder del PSdeG también esté, a su manera, bloqueado en un ascensor. En su caso, de él depende pulsar el botón de permanecer a resguardo como secretario general o de pulsar el otro que lo convertiría en candidato. Tiene las manos libres para tomar el segundo camino, pero el riesgo en su caso es enorme, mucho más alto que el de Feijoo, pues podría tomar la decisión con cuatro imputaciones judiciales cargadas a su espalda. Una mochila muy pesada. No solo Rajoy se fijó Besteiro durante la campaña del 20D. Hasta Rita Barberá se aprendió el nombre del dirigente lucense del PSOE para defenderse cuando la señalan.

La incertidumbre sobre la investidura de Sánchez condiciona la política gallega