Cuando los éxitos se convierten en fracasos

PAULA DE LAS HERAS MADRID / COLPISA

GALICIA

Sergio Barrenechea | efe

El compromiso de la consulta ha atado a Sánchez y el pacto con Rivera le ha cerrado las demás puertas

28 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

«Déjeme por lo menos soñar e intentar ver si puedo formar Gobierno». Hace menos de un mes de esta elocuente respuesta de Pedro Sánchez. Y solo esta semana el secretario general del PSOE ha empezado a despertar. Lo rotundo de su pacto con Ciudadanos, insuficiente por sí mismo para superar la investidura y llevarle a la Moncloa, ha tenido un efecto devastador sobre sus planes. No solo provocó que Podemos se levantara de la mesa a la que por fin se había sentado a negociar apenas 48 horas antes, sino que arrastró en la misma dirección a Izquierda Unida y Compromís y, de rebote, condujo al PNV y Coalición Canaria, hasta entonces más que dispuestos a facilitar las cosas a los socialistas, a ponerse de perfil.

Plan B

Negociar un segundo intento. La dirección del PSOE llevaba semanas alimentando la idea de que sumar 143 síes (con los partidos mencionados y la abstención de la formación que lidera Pablo Iglesias) frente a los 142 noes del PP, Esquerra, Convergència y Bildu, era un reto difícil pero posible. Ahora el desánimo se ha apoderado incluso de los más cercanos a Sánchez. Aunque en público mantengan el discurso de que todo puede cambiar aún de aquí a la segunda votación de la investidura, en privado reconocen que hay que pasar ya al plan B, el de tratar de sumar apoyos durante los dos meses de plazo que quedan hasta una eventual convocatoria de elecciones. Y tampoco eso lo ven fácil. Sánchez era en el fondo consciente, según confesión propia, de que caminaba sobre un suelo minado y de que en algún momento todo podía saltar por los aires, pero lo que seguramente nunca pensó es que sería él mismo quien se pondría la zancadilla.

La consulta

Un bumerán del que se ha aprovechado Rivera. ¿Qué necesidad tenía de cerrar ya, cuando apenas había empezado a negociar con Podemos, un acuerdo tan prolijo con Albert Rivera si lo que necesitaba era avanzar a izquierda y derecha y llegar a la sesión de investidura sin que ninguno de sus posibles socios se descolgara? En la dirección del PSOE responden con resignación: «La consulta a la militancia; no podíamos presentarnos ante las bases con las manos vacías». Incluso en el entorno más próximo al candidato lo reconocen: «El referendo fue una carta que le vino bien en el camino para ganar el pulso a los barones, pero le ha acabado complicando aún más las cosas», dicen, y añaden que «al final, su as en la manga ha sido un bumerán que le ha quitado días de negociación y del que ha sabido sacar buen partido Rivera».

El acuerdo de Gobierno

Ciudadanos deja la puerta abierta al PP. Los sanchistas se afanan en ver lo positivo. Insisten en que su alianza con Ciudadanos «no tiene caducidad», es decir, que seguirá vigente aún después del primer tropiezo. Y dan valor a ese dato. «130 diputados suman más que los 123 del PP y eso -defienden- nos permitirá mantener la iniciativa e intentar expandir el pacto hacia la izquierda». Es posible, sin embargo, que las cosas no sean tan simples. El miércoles, tras la firma del acuerdo, en Ciudadanos hacían esa misma lectura. «Salga o no salga, nuestro voto está comprometido con el PSOE por escrito; si el PP quiere venir, se tendrá que sumar», apuntaba un miembro del equipo negociador. Cuatro días después, conscientes de que los populares tratarán de empujarlos a la izquierda para, con vistas a nuevas elecciones, recuperar al electorado fugado, matizan que su compromiso es solo con el contenido del acuerdo. «Si la investidura falla el día 5, el acuerdo programático sigue en pie», dicen. ¿Y qué ocurre con el apoyo al candidato? «Vamos a dejar hablar al rey», replican. Ese asunto es importante, porque el PP está dispuesto a utilizar el texto de C?s y PSOE como base para negociar su propia candidatura.

Críticas en el psoe

«Nos hemos quedado sin programa». Esta era una posibilidad que ya apuntaban algunos veteranos del partido, críticos tanto con el pacto como con la solemnidad que se le dio, con una firma de Sánchez y Rivera en la sala Constitucional del Congreso y sendos discursos en los que uno y otro se presentaron casi como los artífices de una segunda transición. «Es casi lo más insultante -apunta un barón crítico con su secretario general- ¿Firmas un acuerdo que no vale para nada como si fuera la Paz de Westfalia y luego me preguntas que qué me parece?». En el documento hay algunas cesiones a Ciudadanos que han servido a Podemos para argumentar su imposibilidad de seguir hablando. Y en el propio PSOE hay fuertes resquemores. «Este sacrificio se puede hacer si es para gobernar, pero si es para ir a elecciones, no», dice un exministro. «Nos hemos quedado sin programa electoral -apunta otro destacado dirigente andaluz, convencido de que Podemos no facilitará nunca la investidura de Sánchez y de que habrá elecciones el 26 de junio-; la referencia ya será este acuerdo».

Batalla de la izquierda

Sánchez crece, Iglesias decide. En el tiempo que queda por delante todo será una batalla por el relato. Si el discurso de que los socialistas se han escorado a la derecha le funciona, quizá el partido de Iglesias quiera volver a intentar arrebatar al PSOE su posición de partido hegemónico de la izquierda, algo que estuvo a punto de conseguir el 20 de diciembre gracias a las confluencias en varias comunidades autónomas. Sin embargo, el último mes ha sido muy fructífero para el PSOE. Al menos así lo veían hasta hace unos días afines y desafectos a Sánchez. «Ha crecido mucho», decían. «La gente ha visto que estamos haciendo todo lo posible para que haya un Gobierno y que es Podemos quien lo torpedea». El empeño de Pablo Iglesias en hablar de reparto de ministerios antes que de políticas, su defensa del referendo catalán (un asunto delicado para el electorado progresista) o su negativa inicial a sentarse a dialogar mientras hubiera conversaciones en marcha con la formación centrista acabaron pasando factura a Podemos. Pero ahora empieza una nueva partida.