El día en que Fraga entregó el relevo

Hoy se cumplen diez años del congreso del PP gallego que llevó a Feijoo a la presidencia del partido


santiago / la voz

Llegó un día en que Manuel Fraga cayó en la cuenta de que no podía eternamente sucederse a sí mismo. Y eso no ocurrió hasta junio del 2005, cuando la coalición formada por el PSOE y el BNG lo desalojó de la Xunta que había gobernado durante quince años. Rendido y con las llaves de Monte Pío entregadas a Emilio Pérez Touriño, el fundador del PP se retiró a Perbes aquel verano para afanarse en la tarea, tantas veces aplazada, de su sucesión en el partido. Su puesto había sido anhelado durante mucho tiempo por Xosé Cuíña, con el mismo fantaseó efímeramente López Veiga y el propio Fraga creyó durante un tiempo que estaba hecho a la medida del ahora senador Xosé Manuel Barreiro.

Pero nada de eso ocurrió. El 15 de enero del 2006, hace hoy diez años, era un engominado Alberto Núñez Feijoo quien se proclamaba sucesor de don Manuel en un congreso y provocaba que a Mariano Rajoy se le humedecieran los ojos. «Probablemente no lo transmita, pero estoy profundamente emocionado... Estoy que me salgo después de lo que ha pasado», confesó el hoy presidente del Gobierno en funciones en una frase que quedó para la historia tras saborear como un premio la primera de una serie de alegrías políticas que le daría Feijoo.

Al presidente de la Xunta le recordaron ayer, en un corrillo con periodistas tras la reunión del Consello, que hoy cumplía una década en la presidencia del PP gallego, pero prefirió guardarse para sí los recuerdos. Algunos de los escribieron aquellas páginas en el palacio de congresos de Santiago ya no están. Falta Cuíña, que ni siquiera se dejó ver por aquel cónclave, como faltan también Fraga y Loyola de Palacio, que tuvo un protagonismo especial en la entronización política de Feijoo, pues le espetó a la cara que para alguna gente resultaba «un poco chulo», como llegó a revelar Feijoo sobre el escenario.

El presidente del PPdeG cayó varias veces en la tentación de mostrar aquel congreso de la sucesión como unas elecciones primarias, argumento que siempre blandió como una especie de placaje ante los adversarios de la izquierda que acusaban al PP de limitarse a practicar el dedazo. Pero no fueron unas primarias, ni siquiera se parecieron. El de enero del 2006 fue un congreso en el que participaron casi 2.400 compromisarios en representación de los 96.000 militantes que el partido sumaba entonces en Galicia.

El pacto forzado por Fraga

Fue en las semanas previas al congreso, en la elección de delegados, donde se disputó realmente la partida, pues es donde Cuíña, López Veiga, Barreiro y Feijoo midieron realmente sus fuerzas. Solo los dos últimos rebasaron el umbral establecido para presentar su candidatura a la presidencia del partido en el propio congreso, pero el último gran servicio de Fraga al PPdeG consistió en forzar a toda costa un pacto entre los dos aspirantes para evitar que sangrara por las heridas aquel partido desmoralizado que venía de ser desahuciado de San Caetano.

El patrón no fue contrariado, así que Feijoo y Barreiro se refundieron en una única candidatura, el primero como presidente y el segundo como vicepresidente, que le permitió al de Os Peares presentarse al congreso como el único candidato. Fue proclamado con el apoyo del 96 % de los compromisarios, pero también como 90 votos en blanco.

En aquel momento echaba a andar el albertismo en el PPdeG, que emprendía su travesía por el desierto con Alfonso Rueda como jefe del aparato, hasta que tres años más tarde lograron volver a la Xunta. El del 2006 fue el verdadero relevo generacional del PPdeG, el que mostró a Rajoy y a Romay Beccaría como vencedores de la sucesión de Fraga frente al llamado sector de la boina, pero solo de forma indirecta, porque el verdadero vencedor fue Feijoo, que lograba emocionar al acartonado Rajoy.

Feijoo se ancla en su decisión de agotar el mandato y no adelantar las autonómicas

El presidente de la Xunta y líder del PP, Alberto Núñez Feijoo, se mantuvo ayer anclado en su decisión ya anunciada de agotar la legislatura y no adelantar la convocatoria de elecciones autonómicas, que tocarían a finales del próximo mes de octubre. «Reitero o dito hai unha semana», manifestó Feijoo en la rueda de prensa posterior al Consello al ser preguntado por el calendario electoral gallego.

Efectivamente, el dirigente popular ya dejó claro la semana pasado que su apuesta consistía en mantener la «estabilidade» del Gobierno gallego, que ahora mismo se sustenta en una cómoda mayoría parlamentaria de 41 escaños, y convocar las elecciones para cuando toque. Y ayer insistió en lo mismo, pues recurrió a la situación de Cataluña, donde dijo que se incluso se discute «a fórmula da presidencia da Generalitat» y son investidos como presidentes personas que no se presentaron ante los ciudadanos para este puesto, para subrayar que él no deseaba para Galicia un escenario similar. «Esa situación de inestabilidade non a quero para o meu país», remarcó Feijoo, antes de apostillar: «Galicia vai ter un activo importante que é a estabilidade política».

Mensaje al PSOE

Feijoo también aludió a la constitución de la Mesa del Congreso, resultado de un acuerdo entre el PP, el PSOE y Ciudadanos, y le pidió al partido de Pedro Sánchez que «actúe coa mesa altura de miras» que tuvo el PP, al facilitar con su abstención que prospera el acuerdo. «Si hemos desbloqueado el Gobierno de las Cortes deberíamos desbloquear el Gobierno de la nación», dijo Feijoo usando el castellano, antes de sugerirle al PSOE que se abstenga también para facilitar la investidura de Rajoy.

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