Seis de cada diez núcleos con menos de cien habitantes están en Galicia

Las aldeas y lugares deshabitados son ya 3.397, y en otros 1.716 hay solo un vecino


redacción / la voz

La forma que los gallegos han elegido para asentarse sobre su territorio es muy diferente a la que se constata una vez traspasado O Padornelo. La alta dispersión poblacional es desde siempre una característica que distingue a Galicia del resto de España. A ella se ha unido la crisis demográfica, que amenaza la pervivencia de miles de núcleos en Galicia. Ambos factores se unen para configurar una estructura de poblamiento que nada tiene que ver con la de otras comunidades. Un ejemplo de ello es el dato de que Galicia concentra el 58,6 % de las entidades singulares de población -según el Instituto Nacional de Estadística, se define así «cualquier área habitable de un término municipal, habitada, o excepcionalmente deshabitada, claramente diferenciada dentro del mismo y que es conocida por una denominación específica que la identifica sin posibilidad de confusión»- con menos de cien habitantes que existen en España, es decir, prácticamente seis de cada diez.

En total, según los datos del 2014 publicados por el Instituto Galego de Estatística (IGE), existen en Galicia 27.312 núcleos en los que viven menos de un centenar de personas, mientras que en España hay 46.606. La cifra sube cada año. En el 2000 eran 26.609 los núcleos de población que no superaban los cien moradores, por tanto, 721 menos que en el último dato oficial.

Esa tendencia al alza se da en las cuatro provincias. La que más entidades de población de menos de cien vecinos tiene es Lugo, donde en el 2014 se contabilizaron 9.649, tres más que en el ejercicio anterior. En A Coruña hay 9.417 frente a las 9.390 del 2013; en Pontevedra, el IGE contabilizó 4.925 poblaciones de menos de un centenar de personas en el 2014 y 4.908 en el 2013. Por último, la provincia que menos núcleos de este tipo tiene es Ourense, con 3.321 el año pasado y 3.319 hace dos.

Pero el porcentaje de entidades que están por debajo de los cien vecinos no solo es alto si se compara con lo que ocurre en el resto del Estado. En Galicia, esos 27.312 lugares que no llegan al centenar de habitantes representan el 44,4 % del total de núcleos de población de la comunidad, cifrados según los datos estadísticos en 61.475.

Por miles se cuentan también las entidades singulares en las que viven menos de diez personas. Hasta 10.416 lugares compartían esa característica en el 2014. En esa misma fecha se contabilizaron 2.563 entidades de población en las que solo residía una persona. Y todavía era mayor la cifra de núcleos deshabitados, que alcanzaba los 3.397.

La cantidad de enclaves vacíos se incrementó el año pasado con respecto al 2013, cuando había 3.346. Si se mira más atrás se percibe claramente esa progresión. Por ejemplo, en el año 2000 había en Galicia 2.302 lugares sin ningún vecino. En quince años, por tanto, 1.095 poblaciones han perdido todos sus habitantes.

La distribución de esos núcleos abandonados en el territorio gallego es muy desigual, con una gran diferencia entre el norte y el sur de la comunidad. La mayor cantidad de ellos se concentran en Lugo, con 1.427, mientras que en A Coruña son 1.258. En las dos provincias restantes, la cifra es sensiblemente menor, con 309 núcleos sin vecinos en Ourense y 403 en Pontevedra.

Doscientos de los 314 municipios gallegos tienen menos de 5.000 residentes

Solo 114 de los 314 municipios gallegos tienen más de 5.000 habitantes, lo que es lo mismo que decir que 200 municipios están por debajo de esa cifra. Son un 63,7 % los que no alcanzan los cinco millares de vecinos, un porcentaje, en todo caso, menor que el español: de los 8.117 ayuntamientos que hay en España, 5.381 -el 78,3 %- están por debajo de los 5.000 residentes.

Discriminando todavía más, de esos dos centenares de concellos gallegos menos poblados, más de la mitad, concretamente 106, están por debajo de los 2.000 habitantes, mientras que los 94 restantes tienen entre 2.001 y 5.000. Por provincias, tendrían menos de cinco mil vecinos, según el último padrón de habitantes hecho público por el INE y referido a 1 de enero del 2015, 41 municipios de los 93 que tiene A Coruña; igualmente, 55 de los 67 de Lugo; 81 de los 92 que hay en Ourense, y 23 de los 62 que tiene la provincia de Pontevedra.

Otros 57 concellos gallegos tienen entre 5.001 y 10.000 personas censadas. La mayoría se sitúan en las provincias atlánticas -32 en A Coruña y 15 en Pontevedra-, mientras que Lugo tiene 6 y Ourense, 4. Lo mismo ocurre con los que cuentan entre 10.001 y 20.000 habitantes: de los 35 que hay en Galicia, 10 se localizan en A Coruña, 15 en Pontevedra, y 5 tienen Lugo y Ourense.

Solo 15 ayuntamientos tienen entre 20.001 y 50.000 vecinos, ocho de ellos en A Coruña y siete en Pontevedra. Ninguno, por tanto, en Lugo y Ourense. A partir de ahí figuran ya las siete ciudades, cuatro de ellas de entre 50.001 y 100.000 habitantes -Ferrol, Pontevedra, Santiago y Lugo-, y tres por encima de los 100.001 habitantes -de menor a mayor, Ourense, A Coruña y Vigo-.

Ofensiva para que la población cuente en el reparto de fondos

La dispersión y el envejecimiento de la población tienen consecuencias económicas, y no pequeñas. Han provocado, por ejemplo, que la comunidad gallega gaste en sanidad al año 500 millones de euros más que la media de las autonomías, el 6 % del presupuesto de la Xunta. Pero no solo eso: cualquier servicio resulta mucho más costoso cuando tiene que hacerse llegar a un número pequeño de vecinos.

Este argumento ha sido tomado como bandera por algunas comunidades autónomas, entre ellas Galicia, que piden que se tenga en cuenta el criterio poblacional a la hora del reparto de fondos. El debate se abrió, por ejemplo, a la hora de abordar el reparto de fondos para combatir la pobreza infantil. Galicia, en concreto la entonces conselleira de Benestar, Beatriz Mato, defendió que a la hora de distribuir esos fondos debería tenerse en cuenta el tamaño y la población, y no solo el índice de pobreza de cada comunidad autónoma. Lo mismo se arguyó para otro tipo de ayudas como las que tienen como objetivo impulsar la natalidad.

El problema tiene muchas aristas, porque el criterio de reparto del sistema de participación de los ayuntamientos en los ingresos del Estado favorece también a las comunidades con grandes concentraciones urbanas frente a las que tienen una mayor dispersión. En el caso de Galicia, se pierden cada año muchos millones de euros de los que le corresponderían si se tuviese en cuenta el criterio poblacional. Hace unos meses la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) hacía el cálculo: en los once años de vigencia del modelo actual de reparto, entre el 2004 y el 2015, los concellos gallegos han recibido 1.376 millones menos de los que habrían tenido si se tuviese en cuenta el criterio poblacional.

En este año 2015, los ayuntamientos gallegos recibieron, según el informe de la Fegamp, una media de 196 euros por habitante por su participación en los ingresos del Estado, mientras que la media española fue de 245,22.

También internamente se ven esas diferencias, pues los municipios gallegos con mayor población salen beneficiados del reparto estatal frente a los que tienen menor censo. Con el fin de limar esas diferencias, la Xunta prima a los pequeños a través del Fondo de Cooperación Local, que este año estaba dotado con 114 millones para inversiones no finalistas.

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