Las elecciones marcarán el futuro de Feijoo y de Besteiro, podrían empujar al BNG a reformularse, situarán a C's en el mapa y decidirán si En Marea es alternativa válida
04 dic 2015 . Actualizado a las 15:32 h.Son unas generales, pero son mucho más que unas generales. El 20D en Galicia va de 23 escaños en el Congreso, 16 puestos en el Senado, el lácteo, el naval, la pesca, el empleo, las prestaciones sociales, el modelo territorial, lo macro, lo micro... Para los partidos con implantación en la comunidad, no obstante, va también de otras cosas relevantes. Lo confiesen o no. Porque anoche, a este lado del Padornelo, comenzaron dos campañas: la que concluirá en un par de semanas y otra que ya no se detendrá hasta las elecciones autonómicas, en principio, previstas para octubre.
Partido Popular
Un termómetro para Feijoo. Alberto Núñez Feijoo es Hamlet mirando al mapa de Galicia en la palma de su mano. «Presentarse o no presentarse», recita silente, para sí. Llega a la antesala de estos comicios sin haber despejado la principal de sus dudas: optar a un tercer mandato o dejarlo. La resolución de la disyuntiva, que pretende alargar hasta marzo o abril, depende de tres factores, básicamente: de que sea tentado con una vicepresidencia en un hipotético nuevo Ejecutivo Rajoy, de que lo reclamen en Madrid para recomponer el PP ante una virtual debacle en las urnas y de que perciba posibilidades reales de continuar al frente de la Xunta en el período 2016-2020. Él, con todo, reduce a uno los escenarios. La cosa caerá de un lado o del opuesto, sostiene, en función de «se os galegos pensan ou non que sigo séndolles útil como presidente». Y para medir eso no hay mejor termómetro que el del 20 de diciembre. Dicho de otro modo, si a los populares les marcha mal, si no amarran esos 11-13 congresistas y 12 senadores que ansían, si sale fiebre en el mercurio, el de Os Peares muy difícilmente intentará seguir en San Caetano.
Partido Socialista
Besteiro, oxígeno o cicuta. El desenlace de las luchas y crisis internas de su partido en Lugo, Ferrol, Ourense y Santiago; el recorrido final de su cuádruple imputación judicial: cohecho, tráfico de influencias, prevaricación y un delito contra la ordenación del territorio; y, antes que nada, el nivel de apoyo dentro de 16 días de las candidaturas socialistas, en cuya confección ha participado muy activamente. Esas tres cartas van a marcar la baraja de José Ramón Gómez Besteiro, su porvenir. Porque estas elecciones insuflarán oxígeno a un secretario xeral del PSdeG en horas bajas o, a lo peor, terminarán de colmar de cicuta el botellín de su bicicleta. Los progresistas parten en esta cita del segundo peor resultado de su historia en la comunidad: los seis diputados conseguidos en noviembre del 2011, solo por encima de los tres logrados en 1977. Si incrementan esas actas e incluso si solamente las mantienen, Besteiro tomará aire, de momento, para el resto de la carrera que quiere correr hacia la presidencia del Gobierno autónomo. En cambio, si los suyos ceden alguna, probablemente los que llevan tiempo preparándole la cama acaben de hacérsela.
BNG
Salvar los muebles. Los nacionalistas completan el 20D su póker de comicios tras la convulsa asamblea de Amio, en enero del 2012, a la que el Bloque entró uno y salió en pedazos. Después de aquella crisis, del portazo de Beiras, los frentistas perdieron peso en las autonómicas de hace tres años, cayeron en las europeas del 2014 y retrocedieron en las municipales de mayo pasado. Ahora, bajo la marca Nós, luchan por conservar al menos una de sus dos sillas en las Cortes. Si fracasase en ese propósito, el BNG se quedaría sin voz en la capital de España por primera vez desde 1996 y, con ello, vería cómo se esfuma también una importante fuente de financiación orgánica. Estaría abocado, en definitiva, a una reformulación traumática y con el tictac de las autonómicas ya en marcha. Supondría un hasta luego a mucho, tal vez un adiós a algo.
En Marea
Peligro para AGE. En Marea la configuran Esquerda Unida y otras dos formaciones que no existían en el 2011: Podemos y Anova. Concebida en origen como una candidatura unitaria de la izquierda rupturista tejida desde las bases y conformada por primarias abiertas, finalmente se presenta ante los gallegos como una coalición pactada por las cúpulas de tres partidos recurriendo al mecanismo de las listas plancha. El volumen de la factura que eso le pase, si es que alguno, determinará el futuro de la fórmula: puede erigirse en alternativa al PP, puede servir para ir tirando, puede ni llegar viva a la primavera. En cualquier caso, los miembros de la alianza deberán afrontar un conflicto tras el 20D. Si esta vez no cosechan dos escaños en A Coruña, la líder de EU, Yolanda Díaz, quedará muy debilitada como hipotética cabeza de cartel en posteriores elecciones y, si los recolectan, el traslado de la ferrolana del Parlamento en Santiago al Congreso derivará este enero en una nueva crisis en el seno de AGE, quizás su implosión definitiva.
Ciudadanos
Clave a medio plazo. Comparecen los de Albert Rivera en Galicia sin apenas estructura interna y con exiguo poder institucional: 16 ediles de 3.766 que hay en las cuatro provincias. Casi nadie conoce tampoco a sus candidatos ni a su coordinador regional, el boirense Javier Chouza, un ex del PP. Con todo, las encuestas sitúan a Ciudadanos en disposición de granjearse en la comunidad una representación que contribuya a apuntalar el grupo de su líder nacional. Además, en el medio plazo esta cita con las urnas podría servir para posicionar al naranja como partido clave en el Pazo do Hórreo desde el 2016.