Es la marca del PP la que está enferma

A los populares no les funcionan ni el discurso conservador más clásico ni el renovado, ni los barones de toda la vida como Herrera ni recién llegados como Bauzá, ni el aznarismo ni el rajoísmo


Madrid / La Voz

Andan todos en el PP como pollos sin cabeza pidiendo cambios, cambios, cambios, sin que nadie sepa muy bien qué significa eso. No se sabe si lo que piden es que Rajoy se suicide destituyendo al Gobierno en pleno a seis meses de las generales, que jubile a toda la dirección del PP para dejarlo en manos de jóvenes imberbes que acaban de sacarse el carné o que se deje coleta. El caso es cambiar piezas y con eso ya se ganan las elecciones. Pero, para su desgracia, la cosa no va por ahí.

El problema para el PP es que estas elecciones han demostrado que la cosa no le funciona ni con discursos antiguos y ultraconservadores como el de Francisco Javier León de Riva en Valladolid, ni con otros rompedores y más propios de la izquierda como el de José Antonio Monago en Extremadura. No le funciona con discursos ultraliberales de lideresas clásicas como Esperanza Aguirre en Madrid, ni con los más actuales, de nuevos valores como María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha. La cosa no va con eternos barones regionales que llevan décadas subidos al machito y parecían intocables como Juan Vicente Herrera en Castilla y León, ni con nuevas figuras de discurso heterodoxo y sin apenas historia en el partido como José Ramón Bauzá en Baleares. Y muy poco antes habíamos comprobado que el PP no levanta cabeza en Andalucía con tiranosaurios de la política como el eterno Javier Arenas, ni con querubines inmaculados como Juan Manuel Moreno Bonilla.

Así que no basta con cambiar de líderes como quien sustituye al muñeco astillado de un futbolín por otro recién tallado. Simplemente, es el PP el que no funciona porque su marca está enferma. Y, como saben muy bien los expertos en márketing, resucitar una marca deteriorada es una de las cosas más difíciles que existen. Desde luego, no es suficiente cambiar al presidente de la compañía, ni funciona convertirse de pronto en lo que nunca se ha sido. La solución suele pasar por mantener la esencia de la marca, pero reinventándose con una nueva imagen adaptada a los gustos del cliente. Y, desde luego, un control absoluto de la coherencia de esa marca. Algo que el PP también ha perdido.

Cuando uno abre una Coca-Cola, sea en Bombay o en Sebastopol, sabe siempre lo que va a salir de la botella y no hay lugar para sorpresas. En España, sin embargo, hay 17 PP distintos. El mismo partido no puede pedir en Madrid el voto para dos políticas tan absolutamente antagónicas como Aguirre y Cifuentes. No puede ser que el PP sea Rita Barberá en Valencia, pero a la vez Arantza Quiroga en el País Vasco. Que el PP sea Aznar, pero también Borja Sémper.

Si pretende conservar su marca antes que pensar en hacer un cambio de cromos para que todo siga igual, lo primero que tiene que decidir es si quiere ser esa derecha montaraz, catolicona, prepotente y antipática, ese nasty party que empieza a ser odiado en toda España por sus rivales, o reconvertirse en un partido conservador moderno de corte europeo. El problema cuando una marca está enferma es que si no se actúa pronto, otra ocupa su lugar. Y entonces, ya es imposible recuperar a los clientes. Es decir, a los votantes.

Feijoo busca el tono exacto ante el relevo de Rajoy

El PP es en este momento lo más parecido a un campo de minas. Todos intuyen que es un momento decisivo, pero también que quien dé un paso en falso quedará en fuera de juego. En este terreno incierto se mueve ahora mismo Alberto Núñez Feijoo, atrapado entre la necesidad de situarse junto a quienes reclaman cambios y la de permanecer fiel a Rajoy para no alimentar las críticas contra él. De que acierte o no con el tono exacto de aquí a las generales, y con el momento preciso para dar el salto a Madrid, dependerá su futuro. Su opción en este instante es respaldar a Rajoy como candidato, pero figurar en su lista al Congreso para estar bien situado para el relevo en caso de derrota.

El camino para liderar el PPdeG se le tuerce a Rueda

Si hasta ahora no estaba clara la hoja de ruta para la sucesión de Alberto Núñez Feijoo en el PP de Galicia, desde las pasadas elecciones municipales ese mapa se ha complicado todavía más. Cuando parecía que Alfonso Rueda había tomado la delantera en esa carrera que por ahora no está llamando demasiado la atención, los malos resultados del PPdeG en estas elecciones y las dudas sobre el diseño de la campaña han debilitado notablemente al secretario xeral del partido y hombre de confianza de Feijoo. Aunque lo nieguen públicamente las veces que haga falta, hay ya quienes trabajan sus propias opciones para impedir que, cuando llegue la hora definitiva, Feijoo señale sucesor a dedo.

Los nuevos barones del PSOE pondrán a prueba a Sánchez

La cara de satisfacción y la sonrisa permanente de Pedro Sánchez desde el día de las elecciones es difícil de comprender desde el prisma de las generales. No solo porque, al margen de que la aritmética juegue a favor del PSOE, ha llevado a su partido a uno de los peores resultados de su historia y a depender de Podemos, sino por el futuro que se le presenta. Dentro de poco tendrá a todo un grupo de barones crecidos y con mando en plaza -Fernández Vara, Ximo Puig, García-Page, Javier Lambán y otros- que van a intentar marcarle el paso y se lo van a poner más difícil aún. Ya no solo tiene a Susana Díaz. Toda una tradición en el PSOE la de los presidentes autonómicos acosando al líder nacional.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
48 votos

Es la marca del PP la que está enferma