A Podemos le estalla el experimento

A las bases y a parte de los votantes les cuesta digerir la política de laboratorio y el exceso de cálculo, algo que tanto Rajoy como Feijoo esperan que acabe ocurriendo también en Ciudadanos


Madrid / La Voz

Tiene razón Juan Carlos Monedero cuando afirma que a Podemos le falta frescura, pero se equivoca al decir que la ha perdido, porque si hay algo que nunca tuvo es precisamente frescura. Esa es la enorme paradoja de Podemos, un partido que nació al calor de un movimiento ciudadano como el 15-M, que inundó las calles, pero que sus dirigentes convirtieron desde un primer momento en un laboratorio político en el que, lejos de la espontaneidad, todo está calculado al milímetro. El propio Pablo Iglesias ha reconocido que sus intervenciones en los medios, las que le hicieron famoso y las que sirvieron de germen de Podemos, no tenían nada de espontáneo y eran el fruto de horas de trabajo y ensayo, incluso con compañeros haciendo de sparrings. Desde ese momento germinal, todo en Podemos ha estado supeditado al cálculo electoral en función de las encuestas. Renegar de la izquierda, la ocultación de los vínculos con el chavismo, los halagos al papa, los elogios a las Fuerzas Armadas, la indefinición sobre la autodeterminación, no presentarse con su marca a las municipales... Todo tiene un mismo destino, que es no cerrarse puertas y abrir el campo de potenciales apoyos. En lugar de atraer votantes hacia un proyecto, Iglesias y los suyos aplicaron a rajatabla el principio del significante vacío de Ernesto Laclau, tan querido por Íñigo Errejón, que consiste en aglutinar a las masas en torno a conceptos populistas muy simples - «la casta», «la gente decente»- para solo después de llegar al poder llenarlos de contenido político.

Esa alquimia elaborada por Íñigo Errejón en un cheminova con seis gotas de populismo, tres de redes sociales, dos de anarquismo y cuatro de socialdemocracia funcionó bien en los sondeos, pero al añadirle un último chorrito de centrismo moderado el experimento le ha estallado en las manos. No todo cabe en un tubo de ensayo. El puro cálculo electoral ha sido imposible de digerir por las bases y por dirigentes como Monedero. El resultado es una caída en los sondeos que puede ser tan rápida como la subida y una crisis interna.

En ese escenario de agotamiento de Podemos, el PSOE y el PP están convencidos de que, aunque en las municipales y autonómicas vayan a sufrir, podrán recuperarse en las generales. Rajoy tiene la teoría de que, lejos de ir a peor, las cosas van a mejorar para el PP. Pero, sobre todo, van a empeorar para sus rivales.

Sostienen en Génova que los pactos de investidura en Andalucía y los que vengan tras las autonómicas y las municipales van a debilitar a Podemos y también a Ciudadanos. Auguran que los de Albert Rivera se verán igualmente afectados por la división y su bajada será tan rápida como la subida. Lo mismo calcula Feijoo, que considera que, por más que Ciudadanos vaya a ser imprescindible para formar gobierno en muchos ayuntamientos de Galicia, el partido llegará muy debilitado a las autonómicas gallegas. Ni siquiera contempla el líder del PPdeG que Ciudadanos alcance un resultado en el Parlamento gallego que pueda comprometer su mayoría absoluta. «Las autonómicas son caza mayor para Ciudadanos», me responde Feijoo cuando le pregunto por esa posibilidad.

Aguirre puede situar a Rajoy en su peor pesadilla

Un fantasma se pasea por la Moncloa y también por los despachos de Génova. Rajoy empieza a considerar la posibilidad de que se consume la peor de sus pesadillas: la de que el PP fracase estrepitosamente en toda España en las elecciones autonómicas y municipales y que la única excepción sea la candidata a la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre, que podría acabar dando la gran sorpresa y alcanzar la mayoría absoluta en la capital de España. Semejante escenario dejaría a Rajoy en una situación muy comprometida, con su principal rival interna muy crecida y con la posibilidad de que un sector del partido empiece a pensar en la lideresa como la única capaz de ganar en las generales.

Cifuentes copia de Galicia la ley de no discriminación

La candidata del PP a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, marca distancias con Esperanza Aguirre, más rival que compañera. Si la lideresa pone el acento en la lucha contra el aborto, Cifuentes anuncia una Ley de Protección contra la Discriminación y por la Igualdad de Trato para lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB). Esa ley es en realidad un calco de la aprobada por el Parlamento gallego, que recoge el compromiso de divulgar las «distintas realidades afectivo-sexuales y de género y los distintos modelos familiares» y promover «la visibilidad de las personas LGTB en los lugares de trabajo». Un enunciado que soliviantó a los sectores católicos más reaccionarios.

Los halagos de Barreiro ponen en guardia a Feijoo

Hay halagos que matan y también algunos que parecen halagos y son en realidad todo lo contrario. En pleno debate sobre si se va o no a Madrid, lo que más molesta a Feijoo es que sean sus propios compañeros del PSdeG los que entren al trapo. Y si quien lo hace es alguien que aspira a ser su sustituto y lo pone de paso en un compromiso, las intenciones no quedan claras. Es el caso del portavoz del PP en el Senado y presidente del PP de Lugo, José Manuel Barreiro, que se refirió a Feijoo como «el Fraga del siglo XXI» y le pidió que se quede y vuelva a ser candidato en el 2016. «Yo no me puedo quedar en donde estoy, porque ya estoy, y, en consecuencia, sigo aquí y voy a seguir aquí», respondió Feijoo.

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