Hasta Podemos se ha quedado antiguo

El tablero político español está girando a tal velocidad, que la novedad se ha convertido en el principal valor político, por encima de las propuestas, dando ventaja al último en llegar


Madrid / La Voz

Llevaba España 37 años jugando a la política con el mismo tablero y con unas reglas de juego que parecían inmutables. Y, de pronto, no solo ese tablero ha saltado por los aires, sino que las reglas han desaparecido sin que nadie sepa muy bien a qué estamos jugando ahora en realidad. El cuadro político cambia a tal velocidad, que lo único claro es que los ciudadanos quieren algo nuevo. Y eso desconcierta a todos los partidos porque, como en la novela de Douglas Adams Guía del autoestopista galáctico, en la que el superordenador aseguraba, después de siete millones y medio de años pensando, que la respuesta era 42, pero no sabía cuál era la pregunta, los políticos intuyen que el votante exige algo nuevo, pero no saben exactamente en qué dirección.

De ahí que el valor supremo para subir en las encuestas sea ahora mismo ser el último en llegar, sin necesidad de explicar ni definir claramente qué es lo que se propone. Solo así se entienden fenómenos como el derrumbe catastrófico de un partido como UPyD, nacido hace solo siete años, y cuya líder, Rosa Díez, era hasta hace muy poco la más valorada en las encuestas. Nadie sabe en qué se diferencia el ideario de Ciudadanos respecto al de UPyD pero, pese a haber nacido en realidad antes que el de Rosa Díez, el partido de Albert Rivera es percibido como algo nuevo a nivel nacional. Y eso basta ahora mismo para que reciba apoyos y votantes en masa.

Y decimos ahora mismo porque la noria está girando con tal celeridad, que incluso un partido como Podemos, nacido hace poco más de un año, empieza a percibirse por algunos votantes, por increíble que parezca, como algo ya antiguo. Ese hartazgo comienza a reflejarse ya en las encuestas, en las que Podemos cotiza a la baja, mientras Ciudadanos sigue al alza. El enorme mordisco de estos dos partidos al PSOE y al PP parece haber tocado techo. Y ahora la lucha por el terreno conquistado es entre ellos dos. Personas que pensaban votar a Podemos dicen ahora que optarán por Ciudadanos, aunque sus propuestas se parezcan como un huevo a una castaña. Esa es la clave de los últimos ataques de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero hacia Albert Rivera.

Ese valor supremo de la novedad y el riesgo abisal de aparecer como algo caduco ya lo advertía en el año 2007 Feijoo cuando le dijo a La Voz de Galicia una frase que hoy, siete años y medio después, cobra plena validez: «en el PP tenemos que hacer un proyecto nuevo porque los partidos que representan el pasado pierden las elecciones. Y solo los que representan el futuro las ganan».

Rajoy, sin embargo, no está dispuesto a participar en ese juego de la novedad, que obliga a todos los partidos a girar continuamente en la rueda como un hámster. Al contrario, se lo va a jugar todo a la carta contraria. La de reivindicar la veteranía y la experiencia política frente al «amateurismo» y los «experimentos». Apuesta así Rajoy a que el encanto de lo nuevo acabe pasando de moda y a que Ciudadanos termine convirtiéndose también en algo antiguo antes de las generales, como le ha ocurrido a UPyD y como empieza a ocurrirle a Podemos.

Aunque, visto el panorama, tampoco habría que descartar que surja otro nuevo partido .

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