La cuestión no es el barco en sí, sino lo que esconde. A falta de una encuesta para saber si los que rechazan la boutade de colocar un pesquero de 27 metros de eslora en una rotonda son más o menos que los que la respaldan, lo único claro es que en Vigo hay un déficit democrático. No tanto por el talante negociador de quien envía doscientos policías a desalojar a unos concentrados, que también, como por el hecho de pasarse por el arco del triunfo el mandato popular expresado en las urnas. Dicen que los plenos de un ayuntamiento son el máximo órgano de representación de la voluntad de los ciudadanos. Salvo en Vigo. En Vigo se han convertido en una pantomima. Hay un gobierno en minoría (50.000 votos del PSOE) que incumple sistemáticamente los acuerdos que se aprueban por mayoría (78.000 votos del PP y del BNG) y que se dedica a hacer lo que le viene en gana. Por ejemplo, exponer un barco en una rotonda en vez de hacerlo en el Museo del Mar. A quienes gustan de los alcaldes autoritarios y que actúan a golpe de decreto solo cabe hacerles una pregunta: ¿no sería mejor disolver la corporación municipal? Ahorraríamos tiempo y dinero.