«Aquí Nicolás siempre ha sido Fran»

Los vecinos de la casa de Madrid en la que reside con su abuela y los del barrio en el que viven sus padres no se creen que pudiera darse el gran lujo sin la ayuda de nadie


Madrid / La Voz

«Ni se llama Nicolás, ni se apellida Gómez-Iglesias». La primera información que nos proporciona Isabel, una mujer que vive en el mismo edificio de la madrileña calle Maudes en el que reside el ya famoso joven detenido por estafa y usurpación de funciones, deja claro que en este caso nada es lo que parece. «Aquí nadie le llamó jamás Nicolás, siempre ha sido Fran», asegura esta mujer, que lo define como un chico «encantador» que nunca ha dado ningún problema en el vecindario. Nicolás es su segundo nombre y su apellido no es el compuesto Gómez-Iglesias que facilitaba en ocasiones a las víctimas de sus estafas, probablemente para darse mayor importancia. Simplemente, su padre se apellida Gómez y su madre, Iglesias.

Francisco Nicolás, hijo único, vive desde hace cinco años en esta casa con su abuela paterna, viuda de un militar. El porqué dejó la vivienda familiar de la calle Fernández Oviedo en la que residía con sus padres es una incógnita. En el portal del edificio, parte de una urbanización construida como hogar de militares, aseguran que no solo no se lleva mal con sus padres, sino que estos acuden muy a menudo a visitarle a él y a su abuela. «Una familia buenísima que cuida mucho esta mujer», dice una vecina, que asegura que el chico es «muy cariñoso». Ni ella ni Isabel se creen que hiciera solo «todas esas cosas que dicen que hizo».

Buena relación con sus padres

Lo cierto es que el vivir solo con su abuela, una mujer mayor que, según sus vecinos, no sale nunca de casa, le facilitó llevar una doble vida de joven formal por la mañana y acaudalado hombre de negocios, espía o asesor de la vicepresidenta del Gobierno, según la fantasía que tocara cada día, por la tarde. Algo que difícilmente habría podido hacer viviendo con sus padres sin tener que dar demasiadas explicaciones.

Aunque los vecinos no niegan que en alguna ocasión haya podido acudir a recogerle un vehículo de los caros, aseguran que no es cierto que, como se ha dicho, siempre hubiera uno esperándole para llevarle al Colegio Universitario de Estudios Financieros (Cunef), donde cursa sus estudios. De hecho, apenas acude nunca a clase. Según sus compañeros, el curso pasado fue solo unas diez veces y en lo que va de este, dos. Lo que nadie se explica es cómo sus padres, un repartidor de mensajería en paro y una mujer sin trabajo, podían pagar la matrícula en ese centro, que asciende a más de 9.000 euros al año. O cómo pensaban que podía pagarla su hijo de 20 años.

Todavía más sorpresa causan las andanzas de Francisco Nicolás en el portal número 4 de la calle Fernández Oviedo, en el barrio de trabajadores madrileño de Prosperidad, la popular Prospe, en donde residen sus padres y en el que el chico pasó su infancia. «Era un crío perfectamente normal», asegura Félix, que regenta el bar Caña Brava, pegado al portal de la vivienda, y al que le cuesta creer que el muchacho llegara a hacer lo que hizo sin ayuda de nadie. Él y los parroquianos del establecimiento confirman que se trata de una familia trabajadora que lleva una vida tranquila y que Fran, que vivió allí hasta los 15 años y estudiaba en el cercano colegio de San Francisco de Asís, era un chico alegre que no se daba ínfulas de nada.

Los padres son asiduos clientes del mesón El rincón de Alba, situado enfrente de su portal, al que acuden habitualmente por la noche. O acudían, porque desde que su hijo fue detenido solo se les ha visto una vez en el barrio, el día que acudieron a recoger unos enseres. Hace años, la madre de Fran regentó este mismo mesón junto a un socio, pero la experiencia solo duró tres meses antes de tener que echar el cierre. Desde entonces, solo ha tenido trabajos esporádicos. Ella fue, sin embargo, la que introdujo a Fran en los círculos del PP y en la fundación FAES, donde empezó a forjar un completo álbum de selfies junto a todo tipo de dirigentes populares.

Una vida de lujo

Mientras sus padres vivían con estrecheces en el ático de este modesto edificio, Francisco Nicolás se regalaba una vida de lujo en un impresionante chalé del barrio de El Viso, el más selecto de la capital, en el que no solo se citaba con los empresarios a los que estafaba o pretendía estafar, sino que también celebraba fiestas juveniles por todo lo alto, con comida japonesa servida por camareros y vigilantes de seguridad. La factura del alquiler la pagaba una constructora, sin que se sepa aún a cambio de qué.

O no guardaba buenos recuerdos del barrio de Prosperidad, o no quería llamar la atención con un despliegue que habría levantado sospechas. Pero lo cierto es que nadie ha visto a Francisco Nicolás por casa de sus padres desde que hace más de cinco años se marchara a vivir con su abuela para empezar una nueva vida que le ha llevado a ser detenido. En Fernández Oviedo 4 nunca vieron esos coches de lujo en los que dicen que se desplaza.

Nadie aquí ha hablado tampoco con sus padres desde el día de la detención, por lo que se ignora si estaban al tanto de sus andanzas o si suscriben su versión de que ha sido engañado. Aunque la doble vida de Fran se ha puesto al descubierto, quedan todavía muchas incógnitas por resolver.

Mientras sus padres pasan estrecheces en un barrio humilde, él vivía a todo lujo

Vive solo con su abuela, que no sale de casa, lo que le facilitó tener doble vida

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