Aunque lo suyo sean los casos de expropiaciones, protección de datos, extradiciones o indultos, entre otros, Juan Carlos Trillo pasó gran parte de su vida con recursos en materia de urbanismo.
-¿Por qué es tan difícil que se cumplan las órdenes de derribo?
-Los problemas de urbanismo son complejos. Antes de los tribunales superiores, solo las audiencias territoriales conocían de estos asuntos, pero ahora hay juzgados de lo contencioso, que, salvo raras excepciones, están casi al día, lo que se puede considerar un enjuiciamiento temporal perfecto. Actualmente, ese problema no existe, desde el punto de vista judicial. El problema surge cuando se trata de las demoliciones. Ahí es donde empiezan las trabas. Si el Ayuntamiento está implicado va a poner todas las pegas a su disposición. Tengo una anécdota al respecto: estando de presidente de la sala de lo contencioso, me llama la abogada de aquel entonces del Ayuntamiento de Vigo y me dice: «Al fin hemos ejecutado la sentencia del chalé de la playa» de no sé dónde. Le respondo que no me lo creo. Y me confirma: «Sí, sí, hoy por la noche hubo un incendio y arrasó con todo».
-Varios jueces han sido condenados y apartados de la carrera.
-El juez es responsable de sus actos. ¿Cómo no va a serlo? Se da, sobre todo, en lo que se ha dado en llamar jueces estrella. Para mí, una de las reglas fundamentales de un juez es que, cuanto más discreto, mejor. Evidentemente, no llegar al límite de aquellos jueces de la época de mi abuelo, que no podían relacionarse con nadie.
-Los hay que escriben novelas.
-Y se lo reprochan los presidentes de los tribunales superiores.