Melide resiste el paso del tiempo

Con ocho vecinos centenarios, este municipio del interior coruñés es, con poco más de 7.000 habitantes, uno de los de mayor longevidad de España

Melide

melide / la voz

Cuando a María Barreiro se le pregunta qué tal se encuentra, responde como buena gallega que es: «Vamos indo». Y ni tan mal. Tiene 101 años y el único medicamento que le mete al cuerpo es ibuprofeno cuando aprietan las molestias que le provoca el desgaste que tiene en una muñeca y en una rodilla. Nada más. Ni un ingreso hospitalario en su siglo de vida. La señora María do Campo, como así la conocen sus vecinos, es una de los ocho centenarios que hacen de Melide, con poco más de 7.000 habitantes, uno de los municipios con mayor longevidad de España. El selecto club crece en miembros si se le abren las puertas a la decena de ancianos empadronados en los otros cuatro concellos del interior coruñés: Arzúa, con cinco; Boimorto, con 3; y Santiso y Toques, con uno por ayuntamiento. En ningún caso la nómina de paisanos con cien o más años es como la de Melide.

¿Qué vida llevan en ese concello en el centro geográfico de la comunidad? Eso es lo que cuenta Jesús Vidal que le preguntan cuando pasea por las calles de A Coruña, donde reside con sus hijas cuando no está pasando, como ahora, una larga temporada en su Melide natal. «Estar na aldea, onde comiamos verzas das que eu plantaba e leite das vacas que criabamos nós -comenta-. Tampouco fumei, nin bebín porque non se pode molestar moito o corpo; hai que respectalo, que é o mellor amigo que temos», confiesa el hombre. El trabajo tampoco mató al señor Jesús, que, en noviembre, soplará 102 velas. Y no porque no tuviese. Fue «escribiente da terra co sacho e co fouciño desde que nacín», describe, orgulloso. Y lo sigue siendo, aunque «agora só cando quero e antes non había horario». Lo primero que hace después de levantarse y desayunar es calzarse las botas de goma para ponerse a la faena en el campo.

Aunque dice que «agora para min acabouse o traballo», tampoco puede permanecer quieta María Barreiro, que, después de toda una vida «gobernando na casa», aún se deja caer de vez en cuando por la huerta con la que siguen llenando la despensa para poder alimentarse como antes, cuando «comíamos de todo o que tiñamos na casa». Cultivos de huerta y carne de los animales que no perdieron la costumbre de criar porque «é mellor que comer do de fóra», cuenta convencida la centenaria, quien se apresura a aclarar que «teño o tempo, pero non estiven sentada, que traballei moito». Y empieza a contar: «Con 15 anos saín da escola e fun coser polas casas ata que casei con 25». Después llegó la crianza de cuatro hijos y soportar el peso sobre los hombros de la casa, con animales y tierras de labranza. Una matriarca que se quedó sola cuando a su marido, que «andaba polas casas de carpinteiro», lo llamaron para la reserva en los estertores de la Guerra Civil.

A ninguno de estos dos centenarios de Melide les falla la memoria. «Teño o sentido dun neno de 5 anos», dice Jesús. Es decir, y en contra de lo que pueda sonar, lo tiene todo. Visto lo visto, detrás de la salud de hierro de María y de Jesús están la alimentación y el trabajo. Aunque, por lo que cuentan, tampoco ninguno de los dos pasó miserias, que podía ser por la época en la que les tocó vivir. El hombre también cree que influye «ser boa persoa». Y en el caso de ella, la genética igual tiene algo que decir. «Os meus avós morreron moi vellos», cuenta. Y una prima, también melidense, falleció a los 103 años. La única certeza es que los dos se toman a la comida su vasito de vino. Y doña María «un ponche de ovo, leite e viño Sansón», desvela un pajarito.

Quien pía es la alcaldesa, que está convencida de que detrás de la longevidad de sus vecinos está el trabajo, que «ben levado, non é prexudicial para a saúde», afirma. Ánxeles Vázquez también mantiene que los melidenses «temos o hábito da boa alimentación», que, añade, «vén dado polos produtos propios da terra». Entre otros, «cos que se elaboran os melindres e os ricos, que son, xunto cos amendoados, os nosos doces tradicionais», promociona la regidora. Y no faltan en toda buena mesa. Como tampoco nunca faltaron actividades para mantener activos a los vecinos bien entrados en años. Lo único que trasciende es la elección de Miss y Míster Galicia de la tercera edad, un certamen que en primavera reúne a cientos de mayores de toda la comunidad, pero el resto del año, cuentan con una programación propia que incluye desde talleres de memoria a bailes de salón y sesiones termales. Esta mima semana comenzaban las escuelas deportivas y gimnasia de mantenimiento es la disciplina con más alumnos: supera los cien mayores. Será eso, el ejercicio. O el aire de la montaña, que dicen sienta mejor que la brisa del mar.

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