El señor de los enchufes

La personalísima gestión de Baltar le procuró fieles apoyos que glosaban su bonhomía. La condena por prevaricación reescribe su historia


ourense / la voz

Si hacía falta sal para las carreteras de un municipio, lo gestionaba él. Si una asociación cultural necesitaba una televisión, él la pagaba. Si los vecinos de un concello se oponían a algún proyecto que les afectase, él intermediaba. Y, si un alcalde buscaba empleo para familiares o amigos, también recurría a él. Todo en la Diputación de Ourense pasaba por las manos de José Luis Baltar Pumar (Esgos, 1940) y todo aquel que necesitase algo debía pasar por su despacho. Con esa personalísima gestión, el exbarón popular consiguió presentarse ante la ciudadanía ourensana como único responsable de sus éxitos. Era una estrategia arriesgada porque también él sería visto como el único causante de los fracasos de su gestión. Sin embargo, la red de apoyos que fueron gestando sus favores fue una maquinaria electoral imparable que le garantizó victoria tras victoria y, de paso, una amplia autonomía política ante los sucesivos líderes del PP. No tuvo, por tanto, que afrontar grandes fracasos, pero cuando ha llegado uno como la sentencia que lo condena por 104 enchufes, nadie -ni siquiera la jueza- se ha creído que haya otro responsable que no sea él.

José Luis Baltar quería ser recordado como un cacique bueno, pero la sentencia que lo inhabilita por nueve años reescribirá su historia si el recurso que el expresidente ourensano ha anunciado no prospera y ese fallo adquiere firmeza. Entonces, en lugar de ser un buen hombre que repartía empleos -como defienden sus seguidores- se habrá convertido en alguien que «contrataba a quien le parecía oportuno» y que «vulneró el principio de igualdad, por el que cualquier ciudadano puede concurrir a una oferta pública de empleo bajo los principios de mérito y capacidad». Así lo dice la jueza.

Sería un deshonroso punto y final para una carrera política como la suya, que para bien o para mal ha marcado los destinos de la provincia de Ourense durante casi cuarenta años. José Luis Baltar era un maestro criado en una familia humilde de Esgos que comenzó en política en 1968 como concejal del régimen en Nogueira de Ramuín, donde ejercía la docencia. A partir de ahí no dejó de progresar y, cuando el dictador murió y se instauró la democracia era alcalde, pero no tuvo ningún problema en reciclarse.

El fallecido Eulogio Gómez Franqueira -principal referente del galleguismo de centro durante el franquismo y muchas otras cosas más, como por ejemplo, fundador de Coren- fue su principal valedor y, de su mano, probó en UCD y, cuando ese proyecto fracasó, ambos impulsaron Centristas de Galicia. Esa formación obtuvo importantes éxitos electorales, especialmente en Ourense, y esa situación le garantizó a Baltar un liderazgo de relevancia cuando se acordó la integración con Alianza Popular. Centristas desapareció y surgió el PP, pero el expresidente siempre sería a partir de ese momento un contrapoder en esa organización. Gracias a sus éxitos electorales, presionaba para mantener el carácter galleguista del partido, pero sobre todo para preservar su cuota de poder en Santiago. En la lucha de la boina y el birrete, él era el máximo exponente de la primera corriente, a la postre desplazada por la segunda.

Su relación con Manuel Fraga fue de altibajos. Baltar tenía la capacidad de nombrar a varios conselleiros y todo parecía ir razonablemente bien hasta que Xosé Cuíña, uno de sus socios de confianza, fue defenestrado. Fue entonces cuando su hijo protagonizó uno de los episodios más relevantes de la política autonómica, la «rebelión del pisito». José Manuel Baltar y los diputados ourensanos del PP que eran fieles a su padre se encerraron con la amenaza de derrocar a Fraga, que necesitaba esos apoyos para mantener su mayoría absoluta. La jugada se resolvió sin grandes daños, pero Baltar no obtuvo réditos de ella. Tampoco de su apuesta para la sucesión de Fraga. No apoyar a Alberto Núñez Feijoo lo distanció del núcleo de poder del PP y, poco a poco, su hijo fue ganando protagonismo.

El nuevo líder de los populares no se lo puso fácil al relevo y apoyó una candidatura alternativa, pero el último éxito de la maquinaria electoral del baltarismo fue colocar a su hijo José Manuel como presidente provincial del PP en el año 2010. Más tarde le legó también la Diputación, pero las contrataciones realizadas entonces han acabado con una sentencia que puede servir de triste epílogo a su carrera.

baltar, inhabilitado

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